“Si Dios salva por gracia… ¿para qué necesito los sacramentos?”
“Si Dios salva
por gracia… ¿para qué necesito los sacramentos?”
Esa fue la pregunta que le hicieron hace
algunos años al Cardenal Francis Arinze. Y su respuesta fue directa, sencilla y
profundamente católica.
Los sacramentos no son inventos humanos.
No son ritos opcionales.
Son mandatos de Cristo.
Cuando Jesús dijo: “El que no nazca del agua y
del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”, no estaba dando una
sugerencia espiritual. Estaba revelando el camino ordinario de la salvación: el
Bautismo.
Y cuando afirmó: “El que no come mi Carne y no
bebe mi Sangre no tiene vida en sí”, no hablaba en sentido simbólico. Hablaba
de la Eucaristía.
El Cardenal Arinze recordaba algo esencial:
nuestra fe no se basa en “yo pienso” o “yo interpreto”. Se basa en lo que
Jesucristo enseñó y confió a su Iglesia.
Dios ciertamente puede actuar fuera de los
sacramentos. Pero nosotros no somos quienes decidimos los medios de la gracia.
Cristo sí lo hizo. Y los dejó claros.
Los sacramentos son los canales ordinarios por
los cuales la gracia nos alcanza. Son acciones de Cristo hoy. Son su manera
concreta de tocarnos.
Reducir la fe a una experiencia interior sin
sacramentos es olvidar que el Verbo se hizo carne.
Dios quiso salvarnos también a través de
signos visibles.
La pregunta no es si “me parece necesario”.
La pregunta es: ¿confío en lo que Cristo
instituyó?
Porque cuando entendemos esto, los sacramentos
dejan de ser costumbre… y se convierten en encuentro.
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