SECTAS, DIVISIONES TRAS DIVICIONES
Sectas, división tras división
¡Buenos días! Disculpe, ¿tiene usted una
Biblia en su casa? ¿La lee en compañía de sus hijos? ¿Acepta usted a Jesucristo
como único Salvador?... ¿No sabía que en la Biblia dice que no se deben tener,
ni creer, en los santos, y que la Virgen María tuvo más hijos?
Seguramente en más de una ocasión, han
llegado hasta la puerta de su casa, personas ataviadas en trajes formales,
unos, y con vestidos largos, otros, invitándolo a leer la Biblia, «su» Biblia,
además de que le dicen que los católicos son idólatras, borrachos y pecadores.
En numerosas personas logran generar confusión, infundir desánimo; las
desalientan, y todavía más, cuando arguyen –de manera ingenua–, cuál es la
religión verdadera.
Semanario lo invita a conocer este fenómeno
de la proliferación de las sectas, puesto que es una cuestión que preocupa a la
Iglesia, pero que también representa un motivo para redoblar esfuerzos y vivir
más profundamente nuestra fe católica.
Dividir, el origen de las sectas
Se denomina a estos grupos religiosos como
sectas, ¿por qué? Porque la palabra «secta» procede del latín sectare, que
significa dividir, cortar. También se ha dicho que este término se deriva de
secedere, que significa separarse. En ambos casos, como puede verse, predomina
la idea de separación. Según la definición que nos brinda Yves de Gibón en el
Diccionario de las Religiones, compilado por el Cardenal Paul Poupard, el
término «secta» designa un grupo de oposición a la Doctrina y a las estructuras
de la Iglesia, e implica, también, la mayoría de las veces, la idea de
disidencia. En un sentido más amplio, se aplica a todo movimiento religioso
minoritario. Por su parte, el Secretariado para la Unión de los Cristianos del
Estado Vaticano, en un estudio realizado en 1984, señala: «Por razones
prácticas, como ‘secta’ se definen ‘algunos grupos religiosos con una
concepción del mundo suya específica, derivadas de, pero no completamente de
acuerdo con las enseñanzas de las grandes religiones mundiales’».
Otra visión del mundo
El Padre Manuel Guerra Gómez, asienta en el
Diccionario Enciclopédico de las Sectas: «Una secta es la clave existencial,
teórica y práctica, de los que pertenecen a un grupo autónomo, no cristiano,
fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un
cambio maravilloso, ya colectivo –de la Humanidad–, ya individual o del hombre
en una especie de superhombre».
Esta es una de las definiciones que se
consideran más completas sobre el tema, sobre todo por la explicación detallada
que el sacerdote hace en su obra.
Ser y quehacer de las sectas
Partiendo de la definición ya señalada, el
Padre Manuel Guerra Gómez hace estas consideraciones que nos ayudan a entender
la forma en que proceden estos grupos:
a) Una secta es la clave existencial: Tiene
razón Xavier Zubiri al decir: «El hombre no tiene religión, es religión». Es
religioso por su misma naturaleza… Cuando no se llena el reducto religioso o
queda truncado el anhelo de lo trascendente, del Misterio, el hombre padece las
consecuencias, cayendo en alguna degradación de lo religioso. Precisamente la
raíz que produce la aparición de las sectas y su proliferación, se hunde en el
terreno inseguro de esta insatisfacción presente en el hombre... La secta, con
su doctrina, sus normas de comportamiento, sus ritos, el calor humano de grupo,
etcétera, es como la «forma mentís» de sus adeptos, o lo que forma y conforma
su visión de sí mismos, de los demás, del mundo y de lo trascendente, así como
su criterio ético de conducta.
b) Teoría y práctica: Cada secta trata de
ser la clave de la existencia de sus adeptos en todas sus vertientes, la que
devela las interioridades y pone en marcha y hace funcionar todos los resortes
del psiquismo humano en todos sus estratos. Precisamente uno de los reproches
más frecuentes lanzados contra las sectas por las personas del entorno
sociofamiliar de sus adeptos, se refiere a la anulación de su identidad
psíquica anterior: Modo de pensar, de sentir; creencias religiosas, normas
ético-morales, aficiones artístico-literarias y deportivas, así como su
substracción, y como secuestro de su círculo anterior: Familia, amistades,
etcétera.
c) De los que pertenecen: La pertenencia a
una secta no es uniforme, ni idéntica, desde el comienzo. Hay un proceso de
etapas diferenciadas:
d) A un grupo: Evidentemente, uno o dos
individuos no conforman una secta; se requiere un grupo en mayor número. Pero,
aunque a veces se dice lo contrario, el número reducido de miembros no es una
nota definitoria.
e) Autónomo: Cada secta es un grupo
autónomo, independiente. La autonomía se extiende a todas las vertientes de su
vida: Doctrina, disciplina, organización. Este rasgo tiene mucha más
importancia de lo que puede parecer a primera vista, porque:
1. La autonomía facilita el espíritu
sectario.
2. Explica también los cambios de doctrina
en materias importantes, el relativismo de jehovismo, mormonismo, etcétera.
3. Permite comprender por qué una secta,
que actúa «normal» hasta cierto punto, se vuelve peligrosa de improviso. Si el
líder pierde la cabeza, todos sus seguidores enloquecen y pueden precipitarse
en los horrores del suicidio colectivo, ritual, etcétera.
f) No cristiano: El cristianismo abarca a
los católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes con sus incontables
confesiones y denominaciones. Una secta no es cristiana, aunque el término
cristiano figure en su misma denominación. No es cristiana por tres motivos
fundamentales:
1. No admite el mínimo dogmático cristiano.
Para ser cristiano-protestante, se requieren tres condiciones, a saber: Creer
en el Misterio de la Santísima Trinidad; creer en la divinidad de Jesucristo,
es decir, que Jesús de Nazaret, además de hombre, es Dios; y recibir el
Bautismo como medio de incorporación a Cristo.
2. La revelación abierta hasta nuestros
días. Además, el cristianismo cree que la Revelación divina se cerró o quedó
definitivamente clausurada tras la muerte del último apóstol. Desde entonces
puede haber revelaciones privadas, que tal vez obliguen en conciencia a los
afectados de modo directo, pero no a todos los cristianos.
3. Las sectas marginan la Biblia; así,
queda convertida en uno de tantos libros de índole religiosa, o tienen para
ella un valor especial.
g) Fanáticamente proselitista
h) Exaltador del esfuerzo personal. Según
la fe cristiana, el hombre no puede alcanzar su destino sobrenatural y eterno
por sí solo, por sus solas fuerzas naturales. Para alcanzar la unión con Dios
y, mediante ella, la felicidad eterna, hay que conjugar la buena voluntad del
hombre –su cooperación– con la acción de la Gracia divina y las mociones
interiores del Espíritu Santo. En las sectas todo es obra del esfuerzo de los
adeptos con la ayuda del grupo. Prescindo de las excepciones que lógicamente
hay, como en casi todo.
i) Expectante de un inminente cambio
maravilloso: Ya sea colectivo (de la Humanidad), o individual (una especie de
transformación del hombre en superhombre). Las sectas coinciden en esperar un
cambio maravilloso e inminente, aunque difieren al señalar su amplitud y
naturaleza. Las principales modalidades son:
1. El fin del mundo.
2. Un fin catastrófico, aunque no suponga
el fin del mundo.
3. El paso de una edad a otra.
4. El paso a un paraíso extraterrestre.
Bienestar para el mejor postor
Es viernes por la tarde, mi amigo y yo nos
encontramos afuera del lugar de reunión de esta secta, en espera del inicio de
la «Oración de liberación», que está programada para las 7:00 pm.
Días antes, asistimos a este mismo lugar
para obtener información que nos permitiera conocer un poco acerca del
funcionamiento y la vida interna de esta secta; misma que se encuentra
registrada ante la Secretaría de Gobernación como «Iglesia Universal del Reino
de Dios, Oración Fuerte al Espíritu Santo, A.R.», y que se identifica bajo la
consigna de «Pare de sufrir», utilizado en sus campañas publicitarias.
La persona que nos dio la bienvenida, nos
explicó que mediante la «Oración de liberación», seríamos liberados del
Demonio, de la mala vibra y de los hechizos que pudieran pesar sobre nosotros,
aunque no fuéramos conscientes de ellos. Nos dijo, también, que en esta
«celebración» nos obsequiarían la «Rosa de Sharon» bendecida, que según
dijeron, nos ayudaría a liberarnos de esos males. Después, nos preguntó cuáles
eran aquellos problemas en nuestra vida que deseábamos resolver; en breves
palabras le hicimos saber que nuestro único deseo era acercarnos a Dios. Ante
nuestra respuesta, nos sugirió que le echáramos un ojo al contenido de unas
mantas que colgaban en las paredes del lugar. Cada una de ellas tenía un título
distinto, refiriéndose a una necesidad en concreto: El lunes, «Oración por la
prosperidad»; el martes, «Oración por los enfermos»; el miércoles, «Oración por
los hijos de Dios», y así sucesivamente. Cada día de la semana está destinado
para atender una necesidad particular. Como si se tratase de ofertas de
descuento en un supermercado, los milagros se anunciaban al por mayor: «Para
usted, que sus caminos están cerrados, tiene mala suerte, salación, está en la
miseria, tiene dolores constantes, brujería, deseos de morir, soledad, o tiene
cualquier otro problema…», se puede leer en las citadas mantas.
Cuando ya nos íbamos, de nuevo la persona
nos dio alcance y preguntó si ya habíamos tomado una decisión. Le respondimos
que asistiríamos a la celebración que se acomodara a nuestro horario; pero el
individuo, claramente, mostró su desacuerdo e insistió en que debíamos asistir
el día viernes, a la «Oración de liberación».
Obra en tres actos
Sólo faltan unos cuantos minutos para que
comience la «Oración de liberación»; a pesar de que el lugar luce casi
completamente lleno, numerosas personas siguen arribando al lugar y nuestra
curiosidad va en aumento.
En otros tiempos, el sitio que ocupa esta
secta funcionó como sala de cine. Las remodelaciones que se le han realizado al
interior del edificio no han afectado su estructura original, y es por eso que
la actual capilla conserva esa apariencia. En el centro, hay una tarima similar
a la de un teatro; sobre ésta se encuentra un pequeño órgano eléctrico, un
púlpito de madera, una cruz de plástico, iluminada desde su interior por una
luz neón de color azulado y una instalación que simula una torre de piedras,
como ésa que se utiliza en las fogatas para evitar que se extienda el fuego.
Cerca del techo se puede apreciar, en letras doradas, esta frase: «Jesucristo
es el Señor».
Primer acto: La bienvenida
Señoras, señores, niños, jóvenes, ancianos
y familias enteras por igual esperan el inicio de la ceremonia. De pronto, la
muchedumbre se pone de pie y comienza a aplaudir: El predicador (un hombre que
aparenta los 40 años), ingresa al escenario y sube a la tarima, acompañado de
un joven; ambos visten de manera formal. El predicador, a quien llaman
«obispo», micrófono en mano saluda a los asistentes, que entusiastas responden
a su saludo con gritos de júbilo. El sujeto que lo acompaña se sienta frente al
órgano eléctrico –más adelante nos daríamos cuenta de que este joven es
«diácono» de esta secta–. ¿Obispo? ¿Diácono? Otras sectas jamás utilizan estos
sustantivos para referirse a sus ministros de culto; sin embargo, «Pare de
sufrir» ha descubierto en estos títulos una argucia para ganar adeptos, al
crear confusión entre las personas que asisten por primera vez a sus
celebraciones.
«¡Amén!», exclaman los presentes como
respuesta a cada frase que hace el predicador en idioma español, pero con un
marcado acento portugués. Las primeras notas del órgano invaden el lugar, el
predicador comienza a entonar una canción que versa sobre la liberación, y
rápidamente es secundada con euforia por la mayoría de los asistentes. Luego,
el predicador explica a los presentes que deben tener fe para que puedan ser
liberados, y una y otra vez hace referencia a los milagros que realizó Jesús en
vida. Siguen cantos y más cantos, y de repente, el predicador les pide a todos que
cierren los ojos y que coloquen sus manos a la altura del corazón; entonces,
varios hombres y mujeres, a los que el predicador llama «obreros», se
distribuyen en los pasillos del lugar.
Segundo acto: Ganar adeptos a través del miedo
El predicador sigue hablando, pero ya ha
cambiado el tono de su voz, ahora grita y exclama injurias contra el Demonio;
le pide que se muestre, que no se oculte. El volumen de las bocinas se eleva
cada vez más conforme los gritos del predicador también son más constantes; la
atmósfera del lugar, que antes mostraba armonía y tranquilidad, cambia
radicalmente. Incluso nosotros, que no pertenecemos a esta secta, sentimos
incomodidad y malestar por los estruendosos gritos que lanza ese hombre, y que
parecen no tener fin.
Al poco tiempo, esta dinámica provoca el
llanto en algunos de los presentes, quienes seguramente creen que se encuentran
poseídos por el Demonio, tal como lo afirma una y otra vez el predicador.
Empero, con los niños es distinto, a ellos parece no afectarles la prédica del
ministro; junto a nosotros se encuentran tres pequeños, y más que asustados o
poseídos, lucen aburridos y juegan entre sí. En contraparte, entre los adultos
hay algunos que gritan, que lloran, que se tiran al suelo. En esos precisos
instantes los «obreros» entran en acción: Se dirigen presurosos a las personas
que les señala el predicador desde la tarima, pero también se acercan a
aquellas personas que, envueltas en llanto, les piden ayuda. Los «obreros», en
su mayoría hombres y mujeres jóvenes, se encargan de auxiliar y cuidar la
integridad de las personas que supuestamente se encuentran poseídas; se acercan
a ellos, los toman de la cabeza con ambas manos y luego gritan, con dureza,
injurias contra el Demonio, ordenándole que abandone el cuerpo y la vida del
hipotético poseso. A estas alturas, nuestra incomodidad es cada vez más
punzante, y pensamos en retirarnos del lugar; pero, luego de reflexionar,
decidimos esperar para saber en qué terminará esta situación. Finalmente, el
predicador guarda silencio por unos instantes y entona una canción; luego, pide
a los presentes que repitan sus palabras en una oración cargada de
sentimentalismo, que él improvisa desde el púlpito.
Tercer acto: La subasta de la fe
Ha concluido la lucha contra el Demonio;
pero el predicador es enfático al advertir a los presentes que, para alcanzar
la liberación absoluta, es necesario asistir durante siete viernes consecutivos
a esta celebración, de lo contrario, el Demonio podrá apoderarse de sus vidas
nuevamente.
Ahora que los ánimos de los presentes se
han calmado, llega el momento de pedir la cooperación «voluntaria». El ministro
recuerda a los asistentes que el Señor es bueno con el que comparte su riqueza:
«¡Quién da más, recibe más, hermanos!», exclama con su marcado acento
portugués. De nueva cuenta, los «obreros» entran en acción: a una orden de su
coordinador, se dirigen a una mesa que se encuentra en el centro del lugar para
tomar unos sacos rojos, y después distribuirse en los pasillos de la capilla.
Mientras esto ocurre, el predicador exalta los logros que se han obtenido a
través del dinero recabado, y con orgullo presume que el sitio donde se
encuentran ya les pertenece. Entonces, da inicio la subasta: «¿Quién puede dar
mil pesos? ¿Quién puede dar mil pesos para ayudar a la Iglesia?». Cuando ve que
ninguno de los presentes hace caso a su petición, el predicador disminuye el
monto de la cantidad: «¿Novecientos?», «¿ochocientos?», y sigue recordando a
cada instante que el Señor es bueno con aquellos que comparten su riqueza. Muy
pocos se levantan de sus asientos para dar la cantidad que solicita el
predicador; pero éste no deja de insistir y continúa disminuyendo el monto que
solicita hasta llegar a 100, 50, 20, 10, 5 pesos; finalmente, exclama: «Quién
puede dar un peso». Ante esta pregunta, son varios, aunque no muchos, los que
se han levantado de sus lugares para depositar dinero en los sacos rojos. Pero
aquí no termina todo, ya que la colecta continúa con la entrega del «diezmo»,
y, después, se pide una ofrenda por la prosperidad en la familia. Los «obreros»
dejan los sacos sobre la mesa, y toman enseguida unos sobres. El predicador
lanza una nueva petición: «¿Quién puede dar una cooperación el próximo
viernes?, ¡que levante su mano el que pueda hacerlo!», y da indicaciones a los
«obreros» para que entreguen un sobre a aquellas personas que así soliciten. El
mensaje es bastante claro: Quien no realiza su aportación económica, no podrá
recibir la ayuda del Señor.
Por último, se procede a la entrega de una
rosa fresca, de color rojo, que es llamada la «Rosa de Sharon»; cada viernes se
entrega una nueva rosa a los asistentes, quienes deberán conservarla durante
una semana a fin de devolverla en la próxima celebración. Una vez que se ha
entregado la rosa a todos los asistentes, el predicador realiza una última
plegaria, en la que pide a Dios que derrame sus bendiciones sobre dichas
flores. La celebración ha concluido, los asistentes comienzan, poco a poco, a
retirarse del lugar. Mi amigo y yo salimos discretamente para dirigirnos al
vestíbulo de la «Iglesia». Allí, se puede observar un pequeño mostrador en el
que se ofrecen libros, panfletos e historietas de distintas temáticas, entre
los que destacan aquellos que atacan a la Iglesia Católica. En otro sector del
vestíbulo se venden alimentos, y al fondo, se encuentra la salida, abarrotada
de personas que cargan en su mano una rosa… Me pregunto: «¿Cuánto engaño es
posible conseguir a través de una simple flor?».
La intolerancia hacia la Iglesia Católica
Sus productos se pueden clasificar en dos
tipos, de acuerdo con la intención para la que fueron concebidos; éstos son:
Los de carácter doctrinal y los que atacan a la Iglesia Católica.
Los materiales destinados para la difusión
de sus doctrinas retoman pasajes bíblicos que son interpretados de manera
subjetiva y arbitraria, y responden a los intereses particulares de las sectas
a las que van dirigidos.
Por otra parte, las publicaciones que
atacan a la Iglesia Católica, manejan una línea editorial bastante agresiva que
fomenta la intolerancia y el odio hacia esta Institución y todos sus miembros,
acusándolos de ser colaboradores de Satanás en un plan maligno para dominar el
mundo, basándose en interpretaciones subjetivas de la Biblia y en afirmaciones
que carecen de cualquier fundamento histórico.
Esta situación resulta preocupante si
tomamos en cuenta que estos panfletos se distribuyen en 67 idiomas distinto
alrededor del mundo (de acuerdo con la información proporcionada en el sitio
web de la editorial), ya que lejos de contribuir a la convivencia fraterna
entre los hombres, fomentan las divisiones entre dos polos opuestos: Los
elegidos por el Señor y los destinados al fuego eterno; afirmación
característica en algunos de estos grupos sectarios.
¿Qué hacer cuando somos abordados por algún miembro de alguna secta o
grupo religioso?
• Primeramente hay que tener en cuenta que
no es lo mismo el proselitismo de las sectas, que el apostolado católico. Al
católico, lo que le preocupa es salvar al hombre, a la persona. Lo que mueve al
evangelizador católico es el deseo de llevar la Verdad que es Cristo a todo el
que la quiera oír. No lo mueve el ganar adeptos por simple proselitismo. El
evangelizador presenta la fe. Si el interlocutor no acepta el mensaje, está
desperdiciando la gracia. Pero el apóstol ha cumplido lo que Cristo le pide.
• Orar: Toda acción apostólica parte de la oración.
• En la medida de lo posible, tomar la
iniciativa en el diálogo: No dejar que los equivocados nos repitan su guión.
Con mucho respeto, pero con gran convicción, demostrar que la Iglesia Católica
es la única fundada por Dios mismo: Todas las demás religiones o sectas son
fundadas por hombres. Esta idea es vital y es indispensable comunicarla.
Adicionalmente, informarle que la plenitud de los medios de Salvación está en
la Iglesia Católica, fundada por Cristo al instituir a San Pedro como el primer
Papa, y continuada por más de dos mil años y a través de 264 Papas hasta Juan
Pablo II. Adicionalmente conversar acerca de los mutuos testimonios de
conversión, de vivencia de la Gracia, etcétera.
• No se puede pensar que, basados en un
ecumenismo mal entendido, tengamos que ser pasivos en la defensa de la verdad,
y aceptar los errores del interlocutor como irremediables, so pena de parecer
irrespetuosos.
• Conocer las respuestas a los ataques de
las sectas. En una próxima edición trataremos algunos de estos ataques con sus
respectivas respuestas. Ellos aparentan conocer muy bien la Biblia, pero no es
así, no se deje sorprender. Si considera que es más prudente pedirles que se
vayan, procure no ser grosero o invítelos a pasar y rezar el Santo Rosario,
diciéndoles que enseguida los escuchará.
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