Santísima Trinidad

 


Santísima Trinidad

 

Sabemos que hay un solo Dios, pues siendo El, la plenitud de todas las perfecciones y no pudiendo haber nada que El no posea, se deduce que no puede haber más de un Dios: -Oye, Israel: el Señor Dios nuestro, es el único Señor (Dt 6,4).

Pero, aun cuando sólo hay un Dios, una sola naturaleza divina, la fe nos enseña que esta misma naturaleza es poseída por tres Personas divinas. No decimos que esta naturaleza se entre las tres Personas, como si cada una de ellas poseyera su parte correspondiente, porque la naturaleza divina, siendo una en sí misma y simplicísima por su infinita perfección, no puede dividirse, sino que confesamos que una misma naturaleza divina subsiste en tres personas distintas entre sí. –Una es la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, igual gloria y coeterna majestad. Estas tres Personas no son separables una de la otra, y así, doquiera estuviere el Padre, allí estará también el Hijo t el Espíritu Santo, compenetrándose mutuamente. 

El Padre no es mayor que el Hijo ni que el Espíritu Santo, porque en las tres Personas hay una misma naturaleza y esencia. Por eso cada una de las Personas posee la suma perfección, que en las anteriores instrucciones que hemos atribuido a Dios. Todas tres y cada una de ellas carecen de principio y de fin.

Con todo, sólo el Padre es ingenito, y no procede de ninguna otra Persona. –el Padre de nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo, desde la eternidad y necesariamente, procede del Padre por comunicación de su misma naturaleza entera y sin disminución alguna. El Padre, conociéndose perfectamente así mismo, desde la eternidad produce una imagen en todo igual a Si, expresión acabadísima de su propia substancia, que es el Hijo o el Verbo del Padre. Y porque el Padre no puede ni jamás pudo existir sin su propio conocimiento, se sigue que jamás puede ni ha podido existir sin el Hijo: -El Hijo procede de solo el Padre; no es hecho ni creado, sino engendrado.

Finalmente, el Padre y el Hijo se aman desde la eternidad y se compenetran mutuamente, con tal vehemencia y perfección, que de entrambos procede, por aspiración, una tercera Persona, a la que, fundados en la Sagrada Escritura, llamamos Espíritu Santo: -El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo; no es hecho ni creado, ni engendrado, sino que procede. Su naturaleza no es diversa de la del Padre, ni de la del Hijo. Es su misma naturaleza eterna, inmensa y totalmente perfecta.

En esta Trinidad no hay cosa que sea antes ni después, mayor ni menor, sino que todas tres Personas son coeternas e iguales entre sí, tanto que se debe adorar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad.

La razón no puede alcanzar con sus solas fuerzas naturales este misterio. Pero sí nos es dado a conocer que no hay en él cosa alguna que se oponga a la recta razón; no afirmamos que la unidad y la Trinidad sean una misma cosa, sino solamente que una misma naturaleza divina subsiste en tres Personas. Es, pues, la naturaleza una sola, y tres las Personas, por más que la naturaleza no exista separadamente de las Personas. Además, Dios es inmenso e infinito, en tanto grado, que no es de admirar que el humano entendimiento, dada su limitación, no llegue a comprender las cosas que hay en El. Nos basta saber que El, que no puede engañarse ni engañarnos, nos las ha revelado por su Espíritu: -Pues el Espíritu lo escudriña todo, aun las profundidades de Dios (l Cor. 2,10).

Sólo nos resta adorar con suma admiración y alegría este tan alto misterio, compendio de nuestra fe; dar gracias a Dios por su excelsa gloria y consagrar toda nuestra vida a la Santísima Trinidad, que, mora en nosotros como en un templo.

De este misterio hemos de deducir que la vida es en Dios fecundísima y su acción suma, de modo que cuando en la otra vida nos sumerjamos en El, veremos y gustaremos cosas muy subidas, que el entendimiento jamás se cansará de conocer, ni la voluntad de amar y de gozar; entonces veremos claramente que –no es mal cambio haber dejado todas las cosas por Aquel que está sobre todas ellas (S. Bernardo, Sermón de Bonis Deserendis).

 


Nelson Torres

Febrero 2026

Santo Domingo R.D

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