RESURRECCIÓN DE JESÚS

 


¿Es que Jesucristo bajó al infierno, cuando murió?

Los infiernos, distintos del infierno de la condenación, constituían el estado de todos aquellos, justos e injustos, que habían muerto antes de Cristo. Con el alma unida a su persona divina, Jesús tomó en los infiernos a los justos que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios. Después de haber vencido, mediante su propia muerte, a la muerte y al diablo «que tenía el poder de la muerte» (Hb 2, 14), Jesús liberó a los justos, que esperaban al Redentor, y les abrió las puertas del cielo (CIC, nº 632-637).

¿Y cómo se demuestra la Resurrección?

Además del signo esencial, que es el sepulcro vacío, la resurrección de Jesús es atestiguada por las mujeres, las primeras que encontraron a Jesús resucitado y lo anunciaron a los apóstoles. Jesús después «se apareció a Cefas (Pedro) y luego a los doce, más tarde se apareció a más de quinientos hermanos a la vez» (1Cor 15, 5-6), y aún a otros. Los apóstoles no pudieron inventar la resurrección, puesto que les parecía imposible: en efecto, Jesús les echó en cara su incredulidad.

¿Quién resucitó a Jesucristo?

La resurrección de Cristo fue una obra trascendente de Dios. Las tres personas divinas actúan conjuntamente, según lo que es propio de cada una: el Padre manifiesta su poder, el Hijo «recobra la vida, porque la ha dado libremente» (Jn 10, 17), reuniendo su alma y su cuerpo (que el Espíritu Santo vivifica y glorifica) (CIC, nº 648-650).

¿Y cómo era ese cuerpo resucitado?

La resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado era el mismo que fue crucificado, y llevaba las huellas de su pasión, pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo glorioso. Por esta razón, Jesús resucitado era soberanamente libre de aparecer a sus discípulos donde quería, y bajo diversas apariencias (CIC, nº 645-646).

¿A quién le importa la resurrección de Cristo?

Así como Cristo resucitó verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, así también él resucitará a todos en el último día, con un cuerpo incorruptible: «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29) (CIC, nº 988-991 y 1002-1003).

¿Y por qué fue tan trascendental?

La resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendental porque, además de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios, transciende y sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios. Por este motivo, Cristo resucitado no se manifestó al mundo, sino a sus discípulos, haciendo de ellos sus testigos ante el pueblo (CIC, nº 647 y 656-657).

Y hoy día, ¿también lo es?

La resurrección de Cristo es el principio de nuestra justificación, y de nuestra propia resurrección. Gracias a ella, ya hoy mismo nos procura la gracia de la adopción filial, que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los tiempos, él resucitará nuestro cuerpo (CIC, nº 651-655 y 658).

¿Qué me dice a mí la resurrección de Jesús?

La resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, y nos incorpora en la parte esencial del misterio pascual, junto a la cruz (CIC, nº 631-638).

 



Nelson Torres

Febrero 2026

Santo Domingo R.D


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