María elevada al Cielo
No es lo mismo Asunción
que Ascensión. Así hablamos de la Asunción de María, mientras que de Cristo
decimos que ascendió. ¿Por qué esta diferencia? Pues sencillamente porque la
Virgen no es Dios, sino que tuvo que ser elevada por Dios: es el misterio de la
Asunción de María al cielo. En cambio, Jesucristo sí subió por su propio poder
como verdadero Dios que es, ante la mirada sorprendida de los Apóstoles. Ahí
tienes las palabras ascenso y ascensor, que tienen la misma raíz que el término
ascensión, indicando elevación o subida.
Sabemos que la Virgen María ha sido
elevada al cielo, precisamente para socorrer mejor a la tierra y ayudar a los
hombres. Así lo enseña claramente el Concilio Vaticano II: “Con su Asunción a
los cielos, María no abandonó su misión salvadora, sino que continúa
procurándonos con su múltiple intercesión los dones de la salvación eterna. Con
su amor de Madre cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y
viven entre angustias y peligros hasta que lleguen a la patria feliz. Por eso
la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada,
Auxiliadora, Socorro, Mediadora…”.
El Catecismo de la Iglesia Católica
resume así el misterio de la Asunción de Nuestra Señora: “La Virgen María,
cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria
del cielo, en donde Ella participa ya en la gloria de la Resurrección de su
Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su Cuerpo”.
El Papa Pío XII definió como dogma de fe esta
gran verdad revelada por Dios: “Para gozo y júbilo de toda la Iglesia…
proclamamos, declaramos y definimos que la Inmaculada Madre de Dios, siempre
Virgen María, al terminar el recorrido de su vida en la tierra, fue asunta
(elevada) en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.
Bellamente lo explica el mismo
papa: “Aquella que concibió a Cristo, que lo dio a luz, que lo alimentó con su
leche, que lo tuvo en sus brazos y lo abrazó con todo el amor de su corazón… no
pudo haberse separado de Él después de esta vida…”.
Se comprende que la Virgen, por haber estado totalmente unida a Cristo junto a la Cruz, como dice el Evangelio, unida estrechamente a la Pasión de Cristo, esté ahora también unida a su Hijo en la victoria sobre la muerte. Con toda razón, la Inmaculada no conoció la corrupción del sepulcro. Realmente María está ahora viva con todo su ser completo.
Verdaderamente “convenía que
Aquella que había conservado siempre intacta su virginidad, conservara su
cuerpo libre de la corrupción”, como explica con bella elocuencia el más
ilustre transmisor de esta verdad San Juan Damasceno, ya en el siglo VIII.
Aunque la letra de la Escritura no
hable explícitamente de la Asunción de la Virgen, pero esta verdad tiene su
fundamento último en la Biblia. Sobre todo, porque la Asunción es la
consecuencia lógica y normal de la plena unión de María a Cristo. Unión física
viviendo Jesús 9 meses en el seno de la Virgen y 30 años con su Madre en la
vida oculta de Nazaret. Y unión espiritual, participando María en la obra
redentora de Cristo hasta la Cruz. Por esto, María ha merecido participar
también en el triunfo de Cristo resucitado.
Pero veamos ahora algunas
referencias en los siguientes pasajes de la Biblia:
-Génesis 3, 15: “establezco
hostilidades entre ti y la Mujer” La nueva Eva está totalmente unida al nuevo
Adán aplastando la cabeza del mal. Es el triunfo de la Inmaculada.
-Salmo 44 (45): La alegría de la
corte del Reino que aclama: “ya entra la Princesa, bellísima” Por eso, “de pie
a tu derecha está la Reina” El texto del salmo se le aplica a María Reina, que
entra triunfal en el palacio del cielo y se sienta a la derecha del divino Rey…
-Éxodo 25, 10-22 y Salmo 132, 8:
“el Arca de la Alianza”. Los santos padres, los teólogos y los oradores
sagrados ven en el Arca de la Alianza, hecha de material incorruptible y
colocada en el templo del Señor, una imagen del cuerpo purísimo de la Virgen
María que no conoció la corrupción del sepulcro y fue elevada a la gloria del
cielo.
-Cantar de los Cantares 2, 14; 4,
7; 6, 10; 8, 5: “¿quién es ésta que sube del desierto reclinada sobre su Amado?
¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente, como el alba, bella como
la luna, brillante como el sol, fuerte, terrible como un ejército formado en
batalla?” “Levántate, amada mía,
preciosa mía, ven a mí, Paloma mía, que anidas en las grietas de la roca”,
“toda hermosa eres, amada mía, y no hay defecto en ti… me has robado el corazón
con una sola mirada de tus ojos… Eres huerto cerrado, fuente sellada”. Aplicado
muchas veces por el Pueblo de Dios en sus cánticos y poesías a la Inmaculada:
“toda hermosa eres, María, y no hay mancha en ti”.
-Apocalipsis 12, 1; 10: “una gran
señal, una figura portentosa en el cielo: una Mujer vestida de Sol, la luna
bajo sus pies, coronada con 12 estrellas… Y se oyó una gran voz potente en el
cielo: ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de
su Mesías” (el Mesías es Cristo Jesús). Y prosigue el Apocalipsis 12, 17:
“irritado el dragón por su fracaso con la mujer, se fue a hacer la guerra al
resto de la descendencia (de la Mujer), a los que observan los mandamientos de
Dios y dan testimonio de Jesús”. Nosotros somos “el resto de la descendencia de
la Mujer”, los hijos de Dios y de María.
En esta lucha contra las fuerzas
del mal y en medio de los mayores dolores, sufrimientos y persecuciones
pongamos toda nuestra confianza en Dios y en María, nuestra Madre. La victoria
es de Jesucristo. Gran confianza tengo yo en ti, Madre y Señora; mi Esperanza
está en ti, hora tras hora.
El Cardenal González Martín
comentaba así este misterio de la Asunción: “Toda la vida real de María, la que
vivió aquí en la tierra entre nosotros, ha entrado ya en la consumación del
cielo que todos nosotros esperamos alcanzar por la misericordia de Dios”.
Saquemos por tanto las
consecuencias lógicas de esta verdad de la Asunción. Puesto que la Virgen está
toda entera viva en cuerpo y alma, ella tiene ahora sus ojos vivos y despiertos
para mirar a la tierra y volver hacia nosotros “esos ojos misericordiosos”. Los
ojos de María son del color de la misericordia. Y tiene María sus oídos vivos y
abiertos para escucharte cuando la invocas y la rezas. Y tiene también su
Corazón vivo, latiendo ahora mismo de amor por ti. María tiene corazón y te ama
a ti con todo el amor infinito de su Corazón de Madre de Dios.
Fíjate que por dos veces habla el
evangelio de san Lucas acerca del Corazón de María. Después de llegar los
pastores al pesebre de Belén, dice el santo Evangelio, “y María conservaba
todas estas cosas, meditándolas en su Corazón”. Y cuando vuelven a Nazaret,
como resumen de su vida oculta, en la que Jesús iba creciendo en sabiduría,
estatura y gracia… y “su Madre conservaba todo esto en su Corazón”. Luego el
Corazón de María es un tesoro donde se guardan para ti los misterios de la vida
de Cristo.
Es muy interesante leer todo lo que
el Concilio Vaticano II enseñó acerca de la bienaventurada Virgen María, todo
el capítulo VIII de la constitución Lumen Gentium. Habla varias veces del
Corazón de María, por ejemplo:
-“María abrazó la
voluntad salvadora de Dios con todo su Corazón”;
-“una espada atravesó
el Corazón de la Madre…”;
-“la Virgen estuvo de
pie junto a la Cruz de Jesús, sufrió intensamente con su Hijo y se unió a su
sacrificio con todo su Corazón maternal, llena de amor…”.
Además, María es modelo y tipo de
la madre Iglesia. Por eso, a Ella podemos aplicar en primer lugar estas bellas
palabras del Concilio: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y angustias
de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de los pobres y afligidos, son
también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y no
hay nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón… Se siente
verdadera e íntimamente solidaria del género humano y de su historia”.
Es decir, todo lo bueno y lo malo que,
a ti, querido lector, hermano o hermana, te pasa en tu vida, tiene resonancia
en el Corazón de tu Madre. Por eso, tu conducta y comportamiento, tus obras
buenas o malas, y tus penas y alegrías, le llegan al alma de tu Madre pues no
eres indiferente para Ella.
Y todo a imitación de Jesucristo
que “desde su Encarnación se ha unido con todo hombre. Trabajó con manos de
hombre, pensó con inteligencia de hombre, actuó con voluntad de hombre…y amó
con corazón de hombre”. Literalmente dice el Concilio: “Cristo amó con corazón
humano”, “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado”.
Al meditar este misterio de la
Asunción y entrada de María al cielo podemos poner esta comparación: si Juan el
Bautista saltó de alegría en el vientre de su madre, como narra san Lucas, al
presentir la presencia de la Madre del Señor… cuánto más se llenaron de alegría
el Corazón de Jesús y también el Corazón de San José, al recibir a la Virgen en
el cielo. San José ha sido el hombre más feliz de la tierra por vivir junto a
Jesús y María, y lo es ahora también eternamente en el cielo.
Para ser realistas, hay que darse
cuenta de lo que supone la Asunción: la diferencia con otros santos. Por
ejemplo, el cuerpo de San Francisco lo tenemos en Asís, y sólo su alma está
viva; su cuerpo no, hasta que llegue la resurrección final. Ahí tienes también
a Santa Gema Galgani, cuya reliquia de Italia llegó a España y se venera en el
Santuario Santa Gema de Madrid, y cuyo corazón no volverá a latir hasta el fin
del mundo. No sucede lo mismo con el Corazón de María. Éste sí que está ahora
vivo, palpitando. Por eso, evidentemente, no existe ninguna reliquia de la
Virgen, porque está toda entera en el cielo.
Por eso, la devoción al Corazón
Inmaculado de María tiene su fundamento en esta verdad tan cierta y segura, en
este dogma de fe de la Asunción de María en cuerpo y alma. Recuerda siempre lo
que escribió Santa Lucía de Fátima: “Dios quiere establecer en el mundo la
devoción al Corazón Inmaculado de María”.
Pero como somos pobres y débiles,
necesitamos la ayuda del Señor. “Sin Mí no podéis hacer nada”, dijo Jesús. Por
eso, como predicaba el valiente mártir San Maximiliano María Kolbe: “quiero
amar a Jesús con el Corazón de María y amar a María con el Corazón de Jesús”.
Qué bueno es beber de las fuentes
de “la Palabra de Dios que es viva y eficaz”. Por eso, leamos lo que está
escrito acerca de las palabras que dijo María. Seguro que sabes de memoria las
7 palabras de Jesús en la Cruz, recogidas por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pues
recordemos ahora brevemente las 7 palabras de María, que los evangelios
recogen, dichas por la Virgen que fue siempre muy discreta y prudente. Es lo
que sabemos seguro que dijo María durante su vida hasta su partida o Asunción.
1º) “¿Cómo será eso, pues no
conozco varón?”. La Virgen sabe que sucederá, no lo duda; sólo pregunta el modo.
2º) “He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra”. María acepta totalmente la voluntad de Dios. Es
el Fiat de María.
3º) “Proclama mi alma la grandeza
del Señor, porque ha mirado la pequeñez de su esclava”. Es el Magníficat de
María que pronunció después de saludar a Isabel y recibir de ésta grandes
alabanzas.
4º) “Darás a luz un Hijo y le
llamarás Jesús”. Así la Virgen dio a luz
a su Hijo y le puso por nombre Jesús, le llamó Jesús. Es el nombre que la
Virgen lleva más grabado en su Corazón, y que repitió tantas veces con inmenso
cariño, llamándole Jesús.
5º) “Hijo, ¿por qué nos has tratado
así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Lógicamente también le
decía Hijo, al hablar con Jesús. Aquí la Virgen manifiesta su dolor ante la
pérdida de su Hijo en el Templo de Jerusalén.
6º) “No tienen vino”. Es la petición de
María a Jesús por todos nosotros, lo que pide y desea para nosotros: el vino
nuevo del amor, el vino nuevo del evangelio.
7º) “Haced todo lo que Él os diga”.
Es la última palabra de María, el último consejo de nuestra Madre; es el buen
consejo de María para el mundo entero: “haced lo que os diga Jesús”.
María, experta en la unión y la alianza
La Virgen María es experta en unir
lo divino y lo humano, el cielo y la tierra. Así el Verbo se hizo carne en su
seno virginal. En las entrañas purísimas de María se han unido la naturaleza
divina y la naturaleza humana: Jesús, Dios y hombre verdadero. En María se han
abrazado la divinidad y la humanidad. Ésta es la dinámica de la Encarnación:
Dios hecho hombre. Y cuántas aplicaciones tiene para toda tu vida cristiana,
evitando dos posibles extremos: ni sólo lo divino, ni sólo lo humano. Así, por
ejemplo, en el Corazón de María están perfectamente unidas la gracia de Dios y
la libertad humana. La Virgen colabora libremente al plan divino de la salvación.
El Creador y la criatura.
Qué importante es tener una visión
equilibrada y completa de la realidad, no parcializada ni radicalizada,
reduciéndolo todo a uno solo de los dos extremos. Y así en muchos otros campos:
la fe y la razón, la religión y la ciencia, la teología y la filosofía, la
escritura y la tradición, la Biblia y el Magisterio de la Iglesia, la fe y las
obras de caridad, lo espiritual y lo corporal, el alma y el cuerpo, el espíritu
y la norma, la oración y el trabajo... Es propio del buen espíritu unir dos
cosas buenas. Unidad necesaria para no caer, por ejemplo, ni el idealismo ni en
el materialismo.
En el orden del ser humano hay que
valorar al hombre y a la mujer. Ya ves que en todo este artículo presentamos
totalmente unidos a Jesús y María, a Dios y los santos, a Cristo y la Iglesia,
precisamente porque la ha fundado Cristo y quiere contar con ella. Ya
comprendes que lo equivocado es oponer y enfrentar dos realidades queridas por
Dios. En definitiva, se trata de descubrir las dos dimensiones de tu vida: la
vertical y la horizontal, que forman una cruz, la Cruz de Cristo, con los dos
palos vertical y horizontal, que representan también el amor a Dios y el amor
al prójimo.
Pero en esta armonía entre lo
natural y lo sobre-natural, no puede tener cabida el odio, la mentira, la
hipocresía, el engaño, y toda clase de maldad, es decir, todo lo anti-natural,
que, por supuesto, Dios no ha creado ni ha querido para el hombre, porque le
destruye y le corrompe. Por eso, decían los santos, siempre misericordiosos:
“no al pecado, pero sí al pecador”. Lo que no puede haber pacto es entre el
bien y el mal, que viene del maligno.
Esta unión entre el cielo y la
tierra, que no con el infierno, la explica la gente sencilla de la calle con
esta expresión tan razonable: “tener los pies en la tierra, en el suelo, y el
corazón en el cielo”.
Por eso, cuánto bien te hace imitar
a María, llamada con razón Nuestra Señora del Equilibrio, la Virgen de la Paz:
Mira a tu Madre del
cielo,
qué buena es y qué
bella;
mientras pises este
suelo,
sea tu constante anhelo
parecerte siempre a
Ella.
Os dejo un decálogo de 10
consecuencias lógicas de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al
cielo, como principal experta en la unión y la alianza:
1º María Santísima
tiene sus ojos vivos para mirarnos y cuidarnos con “ojos misericordiosos”, como
rezamos en la Salve;
2º La Virgen tiene sus
oídos abiertos para escuchar nuestras penas y alegrías, nuestros "gozos y
esperanzas, tristezas y angustias";
3º La Asunta al Cielo
tiene su boca viva para interceder y rogar por nosotros ante la Santísima
Trinidad;
4º La Virgen de nuestro
Amparo tiene su cabeza despierta para pensar en nosotros, y ampararnos siempre;
5º María, madre de la
humanidad, tiene su corazón vivo, latiendo de amor, para amarnos a todos con
amor misericordioso;
6º La siempre Virgen
María tiene su lengua viva para aconsejarnos como en el evangelio, diciéndonos:
“Haced lo que Jesús os diga”, o como nos habla en Lourdes, Fátima o Guadalupe;
7º María Auxiliadora
tiene sus manos abiertas para ayudarnos con su perpetuo socorro, y llenarnos de
paz, esperanza y alegría;
8º La Madre de Dios
tiene sus labios puros para besar a su divino Hijo, al Corazón de Jesús
resucitado, que es nuestro Señor, Salvador y Redentor;
9º La purísima María
tiene sus pies firmes y fuertes para aplastar de un solo golpe a la serpiente
del mal;
10º Nuestra madre del
cielo, la Reina del universo, tiene sus brazos abiertos para abrazarnos a todos
como a niños, grabados en su alma bendita por los siglos de los siglos.
María y la Eucaristía
María te lleva al Corazón de Cristo.
María te lleva a la eucaristía.
Y María te lleva también al
prójimo, al amor fraterno, a la caridad: pero eso lo veremos al final del
libro, en la conclusión, como compromiso real y concreto para nuestra vida.
Ahora nos fijamos brevemente en la
relación profunda entre la Cristo en la eucaristía y la Virgen bendita. Así lo
explicaba con mucha claridad el Papa Juan Pablo II en su preciosa carta
Ecclesia de Eucharistia. María nos guía al Santísimo Sacramento. Fíjate, amad@
herman@, que, en todas las Misas, la Iglesia tiene presente explícitamente a la
Virgen, Madre de Dios. En efecto, María “estaba junto a la Cruz de Jesús” y
está ahora también presente junto a cada altar de la eucaristía, donde Cristo
se ofrece por todos.
Los hombres y mujeres deseamos una
vida plena que nos satisfaga. Nos aflige ver el dolor del mundo y la situación
de los más desfavorecidos. Muchas veces la humanidad busca la felicidad por
falsos caminos que dejan a la persona insatisfecha y triste…
La eucaristía sí responde a los
deseos más profundos que el ser humano lleva inscritos en su corazón. La
eucaristía te llena de Amor, el amor de Dios en tu alma que tiene sed de Dios.
En la Santa Misa, por el poder del Espíritu de Cristo Resucitado, el pan y el
vino se convierten en el Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, presente
en cada Sagrada Comunión.
El Corazón de Cristo, recordaba el
papa, late vivo en la eucaristía que da la vida al mundo. La fuerza y el
consuelo del Señor están a tu alcance en la eucaristía, en cada sagrario de una
Iglesia. Puedes leer despacio el capítulo 6 del evangelio de san Juan, que
recalca la realidad de este alimento del Pan de la Vida. También los textos de los
evangelios de Mateo, Marcos y Lucas en el relato de la Última Cena. Y el de san
Pablo en su Carta a los Corintios, que es muy importante.
Es muy necesaria para la limpieza
de tu alma y para recibir dignamente al Señor en la Comunión, confesarte bien
acercándote al sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación y de la
Penitencia. También para animarte a esta purificación de tu corazón, es experta
la Virgen Purísima que te ayuda y pide por ti a Jesús.
Si no lo estás haciendo ya, ¿te
gustaría ofrecer a tu Madre asistir a la eucaristía con más fe y alegría cada
día, especialmente los domingos, que es el Día del Señor? María te acompañe y
te prepare el alma para unirte cada vez más al Corazón de Jesús, resucitado,
vivo, sacramentado, que te espera, te quiere y te ama de verdad.
El Pueblo de Dios tiene
perfectamente unidos el amor a la eucaristía y el amor mariano. Qué bellamente
cantan los cristianos esta fe ante la Custodia del Señor: “¡Alabado sea el
Santísimo Sacramento del Altar y la Virgen concebida sin pecado original!”.
Si quieres, estimad@ herman@, le
aplico a la Virgen María este breve poema de amor, como dicho por el Espíritu
Santo a su amada y bellísima esposa: “esposa, preciosa, eres más hermosa y
graciosa que las rosas de Navahermosa”.
Para tu curiosidad, puedes
investigar en internet la belleza del pueblo de Navahermosa (España), en medio
de los Montes de Toledo, así como la bondad, calidad humana y hospitalidad de
los habitantes de este pueblo, que tienen por patrona y protectora a Santa
María del Rosario.
A propósito de la poesía, te hago
una pregunta: ¿Te gustan, quizás, las rimas del famoso poeta, mi tocayo Gustavo
Adolfo Bécquer?
Pues bien, yo también te ofrezco
unos versos, que dedico a María, la Reina del cielo y de la tierra:
María, preciosa
blancura,
de Dios criatura,
de hermosa figura,
profunda hondura,
y elegante finura;
María, del cielo
hechura,
y de la tierra
hermosura,
de santa frescura,
y sabia soltura.
Te cantan el arte
y la sabia escritura,
la bella pintura,
la fuerte escultura
y miles de iglesias
de la arquitectura;
la entera cultura.
Nada de blanduras,
ni muchas dulzuras,
la fe de armadura:
pasaste las noches
oscuras.
Tú eres, María,
cariño y ternura,
fortaleza segura,
nuestra Madre de luz
siempre pura.
En fin, ten piedad de
este cura
que tu gloria procura
y amor te asegura.
Amén.
La Virgen es la Reina de cielos y
tierra, como afirma Juan en el Apocalipsis, al contemplar a la “Mujer vestida
de sol, la luna bajo sus pies, coronada con 12 estrellas”. Es la Madre del Rey
del Universo, con toda la fuerza que la Biblia, ya en el Antiguo Testamento,
otorgaba a la “Reina-Madre”. Pero como muy bien dice la doctora de la Iglesia,
Santa Teresa de Lisieux, “María es Reina, sí, pero es más Madre que Reina”. Es
nuestra abogada y defensora.
Es curioso que a lo largo de toda
la Antigua Alianza, la misión de María haya sido preparada por la misión de
algunas mujeres como la reina Esther, bella historia narrada en el libro hebreo
de Esther. Contra toda expectativa humana, Dios escoge lo que era tenido por
impotente y débil, para mostrar la fidelidad a su promesa. Ahí tienes los
interesantes ejemplos de Ana, la madre de Samuel, Débora, Rut, Noemí, Susana,
Judit y, como hemos dicho, la Reina Ester, además de otras muchas mujeres de la
Biblia.
Presentemos ahora solamente la
figura hermosa de Judit, que tiene muchos parecidos a la Virgen María, que
aplastó la cabeza del mal:
En momentos de gran crisis y
peligro, Judit se enfrentó al prepotente agresor, convirtiéndose en mediadora
decisiva de la salvación de Dios. Así Judit se presentó sin miedo ante el
injusto opresor, el general Holofernes, jefe de un inmenso ejército, compendio
de todos los enemigos de Israel. Judit se introduce en la tienda de Holofernes
que está ebrio de poder y soberbia, le corta la cabeza y retorna victoriosa e
intacta:
-Holofernes representa
el orgullo altivo y la prepotencia enemiga;
-Judit representa la
confianza en Dios, que bendice a los débiles e indefensos.
La liberación final no es producto
de milagros o acciones maravillosas, sino que se obtiene a través de la astucia
y la audacia de una mujer que pide a Dios la fuerza y decisión que necesita
para salvar a su gente. Todo acaba en alegría y alabanzas a Dios y a Judit.
Así la bendicen todos en Israel:
“Hija, que te bendiga el Dios Altísimo entre todas las mujeres de la tierra.
Bendito sea el Señor nuestro Dios que creó el cielo y la tierra y te guió para
que golpearas la cabeza del jefe de nuestros enemigos. Cuantos recuerden esta
hazaña de Dios, jamás perderán la esperanza que tú inspiras… Tú has remediado
nuestra ruina, actuando así rectamente ante Dios”.
Y todos la felicitaban a una voz
diciendo: “tú eres la Gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú el honor
de nuestro pueblo. Tú sola has hecho todo esto. Has hecho un gran bien a Israel
y Dios se ha complacido en ello. Que el Señor todopoderoso te bendiga por
siempre… Gloria al Señor nuestro Dios que se sirvió de una mujer con la belleza
de su rostro para rechazar al enemigo”.
Y así Judit trajo la paz a Israel y
alejó todos los temores y miedos.
Y yo pregunto al acabar este
relato: esta profecía de mujer ¿de quién mejor es figura que de la Inmaculada
Virgen María? Dios que la inspiró, anticipaba así la victoria que nos traería
María dándonos a Jesús.
El libro resalta la belleza de esta
mujer imagen de María: “el pueblo quedó cautivado por su belleza”. Todo esto
nos recuerda otras muchas alabanzas de la Sagrada Escritura: “ya entra la
Princesa bellísima, prendado está el Rey de tu belleza”. Otras traducciones del
hebreo dicen: “esplendorosa, hermosa”. Lo que en castellano sencillo sería
“preciosa, linda, graciosa, bonita, guapísima”. Todo es poco para plasmar la
belleza de la Reina del cielo. Todo artista, pintor y poeta, se queda corto
ante esta obra maravillosa de Dios.
Así lo indicó el Papa Pablo VI en
el Congreso Mariológico Internacional de 1975: “María es la criatura toda
hermosa; es el espejo sin mancha; es el ideal supremo de perfección que en todo
momento han intentado reproducir los artistas en sus obras; es la mujer vestida
de sol, en la que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con
los sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural. María es la
llena de gracia, rodeada por el Espíritu Santo… Es realmente un gozo para el
mundo, es una obra maestra de Dios, el Autor mismo de la belleza”.
Vamos a terminar este capítulo de
la Asunción de la Virgen con esta bella y sencilla oración que aprendí de unos
buenos amigos de México y que se reza mucho en Hispanoamérica; vale igual para
nosotros y para todo el mundo.
Dulce Madre, no te
alejes,
tu vista de mí no
apartes,
ven conmigo a todas
partes
y solo nunca me dejes.
Ya que me proteges
tanto
como verdadera Madre
haz que me bendiga el
Padre,
el Hijo y el Espíritu
Santo.
Gustavo
Johansson
Comentarios
Publicar un comentario