Lo que une y separa la católica y anglicana
Lo que une y separa la católica y anglicana
El presente estudio tiene por objeto
completar mi anterior trabajo sobre “el origen de la Iglesia anglicana y su
posible unión a la Iglesia católica, precisando lo que las une y lo que las
separa en orden a encontrar una posible solución a la unidad de la Iglesia, que
como enseña el papa Benedicto XVI en su discurso ecuménico pronunciado en la
abadía de Westminster hay que buscarla: “en la unidad de la fe apostólica y en
la necesidad de apertura creativa a los nuevos desarrollos y exigencias de una
adecuación correcta del Evangelio al lenguaje contemporáneo y a la cultura, a
ejemplo del gran inglés y hombre de Iglesia que fue san Beda el Venerable”.
Históricamente, la Iglesia del Reino Unido
fue tradicional y activa. Evangelizó la Europa medieval franco germánica, tomó
parte en la defensa del cristianismo frente al islamismo en las Cruzadas de Tierra
Santa y permaneció unida a la Iglesia católica hasta el reinado de Enrique
VIII, quien funda la Iglesia nacional anglicana separada de la Iglesia católica
al considerarse su cabeza suprema aprobada por el Parlamento británico.
El rey Enrique VIII, aunque moralmente era
un apasionado, sexual, machista, avaro y nacionalista, sin embargo, se mantuvo
firme en las creencias cristianas de la Iglesia católica, de tal forma que se
opuso terminantemente a la doctrina protestante de Lutero y de Calvino, que el
protestante calvinista arzobispo Thomas Crammer de Canterbury pretendió
introducir en la Iglesia anglicana en 1536.
En
1539, contra el intento de este arzobispo, el rey Enrique VIII ordena mantener
las siguientes creencias tradicionales a sus súbditos bajo la pena de muerte:
1º- la transubstanciación o transformación del pan y del vino en el Cuerpo y
Sangre de Cristo en el momento de la consagración de la misa. 2º- La comunión
bajo una sola especie. 3º- El celibato eclesiástico. 4º- La obligatoriedad de
los votos de castidad. 4º- Las misas por los difuntos. 6º- La confesión
auricular.
De tal forma, exige su adhesión y
cumplimiento a estas creencias que el arzobispo Thomas Crammer que se había
casado con una mujer alemana protestante tuvo que enviar a ella y a sus hijos a
Alemania. El rey Enrique VIII muere el 28 de enero de 1547, a la edad de 57
años y 38 de gobierno, dejando separa la Iglesia anglicana de la Iglesia
católica, pero su fe y culto eran totalmente católicos y tradicionales.
A su muerte, por testamento suyo, le sucede
su hijo Eduardo VI tenido de Ana Bolena como rey del Reino Unido contando 9 de
años de edad y padeciendo una grave enfermedad pulmonar. En su reinado los
protestantes calvinistas se hacen con el poder. Se decreta la Comunión
eucarística bajo las dos especies, se buscan teólogos calvinistas para la
universidad de Cambridge y se desencadena una furia iconoclasta contra
imágenes, cuadros y ornamentos de templos cristianos.
En 1549, por influencia de arzobispo Thomas
Crammer de Canterbury, apoyado por el duque Eduardo Seymour regente del Reino
Unido por la minoría de edad del rey Eduardo VI, es abolido el celibato
eclesiástico y es prescrito el Book Common Prayer (Libro de oración común)
compuesto por dicho arzobispo, como libro litúrgico oficial y único de
oraciones para todo el Reino Unido.
En 1552, el arzobispo Thomas Crammer de
Canterbury que había sido profesor de teología compone el cuerpo doctrinal de
la Iglesia anglicana en Cuarenta y dos artículos, en los que establece: la
Biblia como única norma de fe cristiana, la sola fe cristiana como
justificación de la persona ante Dios, reconoce los sacramentos del Bautismo y
la Eucaristía como Cena del Señor sin el carácter sacrificial, conserva la
estructura episcopal tradicional de la Iglesia católica, su culto y liturgia y
mantiene al rey como cabeza suprema de la Iglesia anglicana.
Fallecido el rey Eduardo VI el 6 de julio
de 1553, María, hija del rey Enrique VIII y de su esposa Catalina de Aragón, es
nombrada reina del Reino Unido por derecho de sucesión testamentaria. En 1554,
la reina María, recia y firme católica como su madre Catalina y su abuela la
reina Isabel de Castilla, reconoce al Papa como única cabeza de la Iglesia
universal, anula la doctrina protestante calvinista establecida en reinado de
su medio hermano el rey Eduardo VI,
restituye los bienes expoliados por su padre a los monasterios y cabildos,
reprime a los protestantes calvinistas y
encarcela al arzobispo Thomas Crammer, quien, en 1556, es condenado a morir en
la hoguera junto con otros más protestantes calvinistas destacados, tales como,
Latimer y Didley.
Fallecida la reina María el 17 de noviembre
de 1558, le sucede por derecho sucesorio testamentario como reina del Reino
Unido su media hermana Isabel I, hija del rey Enrique VIII y de Ana Bolena,
quien restablece la Iglesia anglicana separada de la Iglesia católica. Reconoce
la doctrina calvinista introducida por el arzobispo Thomas Crammer. Revisa los
Cuarenta y dos artículos del arzobispo Thomas Crammer promulgados bajo el
reinado de Eduardo VI, los reduce a Treinta y nueva y le añade el Common Prever
Book como apéndice.
El Parlamento británico restablece la
supremacía de la reina como director supremo de la Iglesia anglicana en los
asuntos eclesiásticos y políticos, reservando el culto y la liturgia al poder
episcopal del arzobispo de Canterbury. En virtud de dicha ley parlamentaria, la
corona real británica promulga las leyes eclesiásticas, tiene el derecho de
visitar y exigir cuentas a la Iglesia anglicana, recibir el homenaje de los
obispos, coronar al arzobispo de Canterbury, hacer los nombramientos de obispos
y considerar a los tribunales eclesiásticos como una sección de la
administración de Justicia del Reino Unido.
A partir de 1570, la reina Isabel I adopta
severas medidas contra la Iglesia católica. Centenares de católicos son
condenados a muerte y el ejercicio de la religión católica es castigado con
severas penas. El 25 de febrero de 1570, el papa Pio V la excomulga y la depone
por la bula Regnans in Ecclesia. En 1589, el papa Gregorio XIII crea en Roma un
seminario para formar sacerdotes católicos, que servirá para restablecer la
Iglesia católica en el Reino Unido.
Desde el reinado de Isabel I, la Iglesia
anglicana queda establecida de forma definitiva como nacional y separada de la
Iglesia católica, siendo teológicamente intermedia entre la Iglesia católica y
la Iglesia protestante reformada o calvinista. Está unida a la Iglesia católica
por el sacramento del Bautismo, por la estructura episcopal y apostólica, por
las formas externas de liturgia y culto y por el sistema abacial monástico de
san Benito. Está separada de la Iglesia católica por considerar a la corona
real como cabeza o directora suprema de la Iglesia anglicana junto con el
primado y arzobispo de Canterbury y aceptar moderadamente la doctrina de la
Iglesia protestante calvinista o reformada.
Dicha doctrina moderada calvinista de la
Iglesia anglicana consiste en considerar a la Biblia como única fuente de fe
cristiana, aunque respeta a la Tradición siempre que no contradiga la Biblia,
enseñar la justificación de la persona ante Dios por la sola fe cristiana,
negar el primado del obispo de Roma o Papa y rechazar el carácter de sacrificio
de la Eucaristía, la transustanciación del pan y del vino en el cuerpo y sangre
de Cristo, las indulgencias, el purgatorio, las imágenes y el culto a los santos.
El
13 de septiembre de 1896, el papa León XIII declarará válidas las ordenaciones
episcopales anglicanas en su escrito Apostolicae Curae, previo informe de una
comisión investigadora sobre el caso. Estas ordenaciones anglicanas se remontan
a Mattew Parker, arzobispo de Canterbury, nombrado por la reina Isabel I en
1559 y consagrado por el religioso agustino William Barlow, a quien el rey
Enrique VIII había nombrado obispo de S. Asph y de S. Davids y el rey Eduardo
VI le había trasladado al obispado de Bath y Bedfort, usando el ritual
anglicano y citando la epístola a Timoteo (1, 6).
Antiguamente, los cargos y empleos del
Estado y del Parlamento del Reino Unido sólo podían ser desempeñados por
miembros de la Iglesia anglicana. Actualmente, éstos están abiertos a los
miembros de cualquiera confesión religiosa o simplemente laicos. En 1992, la
Iglesia anglicana aprueba el acceso de las mujeres al sacerdocio. En USA, la
Iglesia anglicana recibe el nombre de Iglesia episcopal.
El teólogo Sanders de Cambridge escribe:
“la reforma inglesa fue más política que teológica”. El innato optimismo y
realismo propio de los ingleses y su aversión a las especulaciones dogmáticas y
metafísicas y principalmente su resistencia a todo extremismo hizo que la
Iglesia anglicana fue intermedia entre la católica y la calvinista, y se
centrase no tanto en las cuestiones teológico dogmáticas, como en cuestiones
ético morales, hasta tal punto que el socialismo o laborismo del Reino Unido no
tiene caracteres anti eclesiásticos y menos anticristianos.
Ahora bien, las citadas diferencias que
separan a la Iglesia anglicana de la Iglesia católica es necesario resolverlas
a la luz de la fe cristiana apostólica en orden a la unidad de una sola
Iglesia, la cual se halla expresada en los textos escritos de los apóstoles y
de los padres apostólicos. Entre ellas, la más fundamental es, sin duda, la que
versa sobre el primado del Papa u obispo de Roma, como cabeza suprema de la
Iglesia universal con poder jurisdiccional sobre ella, por ser sucesor del
apóstol san Pedro en la sede romana, que la Iglesia anglicana niega.
A este respeto, el evangelista san Mateo
enseña que Jesús de Nazaret dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré
las llaves del Reino de los Cielos, y todo lo que ates o desates en la tierra
será atado y desatado en el cielo” (Mt. 16, 18-20). San Pablo define la Iglesia
diciendo: “Cristo es la cabeza del cuerpo de la Iglesia” (Col. 1,18), “la
Iglesia es el cuerpo de Cristo” (Efe. 4.) y “nosotros siendo muchos somos un
solo cuerpo en Cristo” (Rom. 12. 5).
Ante este texto evangélico, la Iglesia
anglicana, influenciada por la Iglesia protestante calvinista, sostiene que
Jesús de Nazaret dio el poder de primado de jurisdicción sobre la Iglesia
universal exclusivamente y personalmente al apóstol Pedro por su fe, sin pasar
dicho poder a los obispos de Roma. Sin embargo, los padres apostólicos, la
tradición patrística y escolástica afirman y confirman que con dichas palabras
bíblicas Jesús de Nazaret da el primado de jurisdicción a Pedro y a sus
sucesores los obispos de Roma sobre la Iglesia universal.
Concretamente, san Ireneo de Lyon
(140-202), apoyándose en Papías de Hieriapolis y en Policarpo de Esmirna a
quien ha conocido y oído siendo joven, escribe: “dado el rango que la Iglesia
romana tiene, fundada y edificada por los apóstoles Pedro y Pablo, todas las
iglesias, o sea todos los fieles de cualquier parte, deben estar de acuerdo con
ella, porque siempre se ha conservado en ella la tradición apostólica” (Adv. Haer.
III, 3, 2).
Desde sus inicios, el obispo de Roma, como
sucesor del apóstol san Pedro, ha ejercido siempre una autoridad suprema sobre
la Iglesia universal, obsediéndole miles de millones de cristianos a través de
la historia de la humanidad, y aunque ha sido contestada por millones de
cristianos ortodoxos orientales, protestantes, calvinistas, anglicanos…, sin
embargo, miles de teólogos, reyes, príncipes, emperadores, presidentes, sabios
y científicos la ha reconocido y respetado.
Por otra parte, en la Iglesia, cuerpo de
Cristo, no caben las divisiones, escisiones y cimas dentro de ella, dado que
existe una unión y unidad mística o misteriosa, más fuerte que la unión y
unidad moral, realizada por el Espíritu Santo, Amor de Dios, como alma de la
Iglesia, conforme a lo dicho por Jesús en su última Cena (Jn. 16, 7), en la
santa María, madre de Cristo, es prototipo y corazón de sus miembros.
De ahí, que el papa Pio XII escriba en la
encíclica Mistici Corporis diciendo: “para una definición de la esencia de la
verdadera Iglesia de Cristo, nada más divino y excelente que la designada por
el cuerpo místico de Cristo”. En las cartas del apóstol Pablo no se encuentra
la palabra “místico”, que el papa Bonifacio añadió en la bula Unam Santam, en
el año 1302, para distinguir el cuerpo místico de Cristo de su cuerpo
histórico, celestial y eucarístico.
El concilio vaticano II define la Iglesia
como “el pueblo de Dios”, pero dicha expresión es propia del pueblo de Israel.
Por otra parte, el pueblo de Dios es toda la humanidad, pues todos los seres
humanos procedemos y pertenecemos a Dios. En mi humilde opinión la definición
de Iglesia como “cuerpo místico de Cristo” es más teológica, apostólica y más
propia que la de “pueblo de Dios”.
Ahora bien, la Iglesia, como enseña el papa
Benedicto XVI, necesita “una apertura creativa a los desarrollos y exigencias
del lenguaje y cultura contemporánea de conformidad con el Evangelio”. Ese
lenguaje y cultura que inspira y mueve a la unión y a la unidad de la Iglesia
es el amor fraterno compartiendo personas y bienes, conocimientos y
sentimientos, alegrías y penas, éxitos y fracasos, ley fundamental cristiana,
porque como dice san Juan en su primera epístola: “si no amas a tu hermano a
quien ves, cómo vas amar a Dios, a quien no ves”.
Nelson
Torres
Febrero
2026
Santo
Domingo R.D
Comentarios
Publicar un comentario