LA BIBLIA

 


LA BIBLIA

El autor de la Biblia es Dios, porque es un libro inspirado. Los que la escribieron no dijeron lo que ellos querían, sino lo que Dios les inspiró. Aunque en su modo de escribir cada uno dejó su estilo personal. Los originales del Antiguo Testamento se escribieron en hebreo y después se tradujeron al griego. El Nuevo Testamento se escribió casi todo en griego. El Antiguo Testamento lo conservaron y difundieron los judíos. El Nuevo lo difundieron los cristianos.

INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA

La palabra inspiración tiene distinto sentido cuando se habla de un escrito humano y de la Biblia. Al decir que la Biblia es un libro inspirado queremos decir que Dios es el autor de lo que ha escrito el hagiógrafo (escritor sagrado).

La Iglesia reconoce como sagrados todos los libros de la Biblia porque «habiendo sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tuvieron a Dios como Autor, pues los autores inspirados escribieron todo y sólo lo que Dios quería. Por eso hay que confesar que los libros de la Escritura enseñan firmemente con fidelidad y sin error la verdad que Dios quiso consignar en las Sagradas Escrituras para nuestra salvación». La Biblia es el «Libro de Dios».

La Iglesia, en la Biblia, «no recibe solamente una palabra humana, sino la Palabra de Dios», pues «las verdades que se contienen en la Sagrada Escritura se consignaron por inspiración del Espíritu Santo».

Aun cuando las diversas partes que la componen hayan sido redactadas por distintos autores, Dios es el Autor principal de toda ella.

La lista de los libros inspirados está en el «canon» que de ellos ha publicado la Iglesia. Esta lista de libros inspirados de la Biblia fue promulgada oficialmente por el Concilio de Trento, en 1546, basándose en la Tradición de la Iglesia. Ya en el año 393, en el Concilio de Hipona, se hizo la primera lista. Cuando el Emperador Constantino dio paz al mundo cristiano se emprendió la obra de juntar las varias partes de las Escrituras, todo con el empuje del Papa.

Cuando la Iglesia afirma la inspiración de la Biblia, no comete un «círculo vicioso»: ella se funda en la Biblia para considerarse infalible, y ella es la que dice que la Biblia está inspirada. La argumentación es en espiral: se demuestra la historicidad de la Biblia y de ella se deduce la infalibilidad de la Iglesia. «No estamos basando la inspiración de la Biblia en la infalibilidad de la Iglesia y la infalibilidad de la Iglesia en la palabra inspirada de la Biblia; eso sería precisamente un círculo vicioso. Lo que hemos hecho se llama argumento en espiral: por un lado, hemos argumentado sobre la confiabilidad de la Biblia como texto meramente histórico; de allí sabemos que Jesús fundó una Iglesia infalible, y sólo entonces tomamos la palabra de esa Iglesia infalible que nos enseña que la palabra que nos transmite la Biblia es una palabra inspirada, Palabra de Dios. No se trata de un "círculo vicioso", ya que la conclusión final (la Biblia es la Palabra de Dios) no es el enunciado del cual partimos (la Biblia es un libro históricamente confiable), y este enunciado inicial no está basado en absoluto en la conclusión final. Lo que hemos demostrado es que, si excluimos a la Iglesia, no tenemos suficientes motivos para afirmar que la Biblia es la Palabra de Dios».

 La inspiración divina es un influjo sobrenatural de Dios sobre la razón y la voluntad del escritor sagrado en la redacción de los escritos bíblicos. El autor inspirado es el instrumento de Dios, pero dotado de razón: tiene características personales. La inspiración, ese «soplo divino», respeta la libertad y el modo de expresarse propio de cada autor sagrado, que conservando su personalidad realiza un trabajo de reflexión y de redacción para comunicar lo que Dios desea que escriba. Como un secretario que escribe una carta según las ideas recibidas.

Inspiración es «la acción que el Espíritu Santo ha ejercido sobre los escritores sagrados para que escriban las verdades que quería manifestar».

A pesar de la inspiración de Dios, cada autor deja su sello personal en el escrito. «Lo hicieron según su estilo y cultura, reflejando la mentalidad propia de su tiempo. (…) Por eso al exponer las cosas y acontecimientos en conformidad con los criterios y conocimientos propios de su época, pueden dar lugar a "errores científicos". (…) Y siendo la historia de un pueblo no siempre santo y ejemplar, no todo lo que está recogido y descrito en la Biblia es perfecto y edificante».

La diversidad de autores de los libros sagrados da variedad a los estilos. Lo mismo que el trazo de un escrito varía según se haga con pluma, bolígrafo o rotulador: pero la idea siempre es del autor.

La inspiración comunica el mensaje, la idea; pero las palabras, el modo de expresar el mensaje, son obra del autor inspirado. Por ejemplo:

 Una madre le puede decir a su niño que se calle de tres maneras:

a) «Te he dicho que te calles».

b) «¿No has oído que te calles?».

c) «Por milésima vez te lo digo: cállate».

Son tres modos distintos de decir lo mismo: afirmativamente, interrogativamente, hiperbólicamente. Pero en los tres casos se dice lo mismo.

De este modo, por encima de las diferencias literarias existentes entre los diversos libros sagrados, Dios continúa siendo su Autor. La Biblia, es un libro divino. Dice San Pablo: Toda la Escritura está inspirada.

Como dice Pío XII en su encíclica Divino afflante Spiritu «el autor sagrado es instrumento del Espíritu Santo» pero «instrumento vivo y dotado de razón», es decir, dejando su huella personal: carácter, personalidad, mentalidad, etc.

«El Espíritu Santo dictó lo que quería que se escribiera. Fue un dictado interno y silencioso. El escritor redactaría según su estilo de expresión propio. Incluso sin percatarse de estar escribiendo bajo la influencia de la divina inspiración. Sin embargo, el Espíritu Santo quería cada rasgo de su pluma».

CREER EN LA BIBLIA

la Biblia está escrita por hombres. Pero se le escapa un detalle: que esos hombres están inspirados por Dios. Como un mecanógrafo que escribe lo que le dicta un científico y no sus propios conocimientos. Si esa persona cree en Dios, esto le debe bastar. Si no cree en Dios, éste debe ser un paso previo.

INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA

La lectura del Antiguo Testamento es complicada. Yo le aconsejaría la lectura del Evangelio que puede serle más provechosa.

 En la Biblia hay muchos pasajes oscuros que necesitan interpretación.

 En lo que enseña la Biblia no cabe error alguno, pues es un libro inspirado por Dios1; pero la inerrancia aneja a cada uno de sus libros es la que cuadra con el género literario a que pertenece.

Hay que distinguir entre el género alegórico del Apocalipsis, y «el género histórico de los dos Libros de Samuel, que pueden considerarse como el nacimiento de la historiografía»

La interpretación de la Biblia no es un quehacer que haya que forjarse a base únicamente de ciencia y competencia, sino ante todo mediante la adhesión a la fe y la aceptación humilde de la palabra de Dios. De aquí que su lectura suponga una cierta preparación religiosa, bien distinta del mero espíritu de crítica o curiosidad. Por encima de las interpretaciones particulares está el juicio de la Iglesia, a la que Cristo confió la inteligencia del verdadero significado de los libros santos, conservado por los Santos Padres, y transmitido por la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

La recta interpretación de los pasajes de la Biblia pertenece a la autoridad de la Iglesia, que es la que ha recibido de Cristo la misión de enseñar. Los individuos particulares pueden equivocarse al interpretar algunos pasajes oscuros. De ahí la multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí de los protestantes, que admiten la libre interpretación personal... Ya dijo San Pedro que en la Biblia hay pasajes difíciles de entender.

La libre interpretación de la Biblia que hacen los protestantes lleva a la confusión. No pueden ser verdad todas las distintas opiniones contradictorias entre sí. De ahí la necesidad de una autoridad infalible que interprete correctamente la verdad que nos enseña la Biblia.

«El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida, ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo».

En los Evangelios, por debajo de los relatos en que se narran los hechos reales de Jesús, en sentido oculto, en segundo nivel, como en un código secreto, suele haber un contenido teológico encerrado en esos relatos5. Por ejemplo: la multiplicación de los panes representa la Eucaristía; las Bodas de Caná, la mediación de María, etc.

Por eso «según una antigua tradición se pueden distinguir dos sentidos en la Sagrada Escritura: el sentido literal y en sentido espiritual».

«Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos hay que tener en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba en los tiempos del escritor, y también las expresiones que entonces se usaban en la conversación ordinaria». Cada lengua tiene su modo de hablar. Un español dice «me duele la cabeza», y un francés «tiene mal en la cabeza»; un español «se bebe un vaso de cerveza» y un alemán, la cerveza «que sale de un vaso».

En la Biblia hay que distinguir el estilo propio de cada género literario: no es lo mismo el género lírico que el épico o el histórico. Cada uno debe interpretarse como corresponde. Teniendo en cuenta que «no hay divisiones estancas entre los géneros literarios. Dentro del mismo relato pasa fácilmente de los recuerdos de la historia a los arrebatos poéticos».

Aun admitiendo los géneros literarios no podemos negar que los Evangelios relatan hechos reales. «No se puede decir que hayan falseado la Historia o la hayan inventado».

Cada versículo de la Escritura nos obliga a conocer el medio cultural en que se desenvuelve el autor. Los recientes hallazgos de las Ciencias Auxiliares de la exégesis nos han proporcionado un conocimiento más profundo del mundo bíblico. Este conjunto de conocimientos auxiliares no es, sin embargo, lo esencial en la lectura e interpretación de la Biblia. Ante todo, es preciso tener siempre en cuenta que la mejor manera de entender la Palabra de Dios es explicar la Biblia por la Biblia: una enseñanza que tal vez se encuentra expuesta en un pasaje de modo fragmentario, incompleto, encuentra frecuentemente su complemento y su equilibrio gracias a otros textos más claros, más desarrollados y coherentes. Y junto con el recurso al mismo texto sagrado, es menester prestar atención a las interpretaciones de los Santos Padres de la Iglesia. Estos santos vivieron en condiciones humanas, sociales, religiosas, etc., muy semejantes a las del mundo del Evangelio y poseyeron también un sentido cristiano más agudo y más puro que el nuestro.

GÉNEROS LITERARIOS EN LA BIBLIA

La Biblia no es un libro histórico, sino religioso. No pretende hacer historia, sino enseñar religión. Su mensaje religioso a veces lo trasmite con historias, que unas veces son reales y otras no. Como hizo Jesucristo que con la parábola del Hijo Pródigo nos enseña lo padre que es Dios y lo perdonador que es Dios, aunque el Hijo Pródigo no haya existido nunca.

Para saber cuándo una historia bíblica ha sucedido realmente o es tan sólo el vehículo de una enseñanza hay que entender de géneros literarios. Para eso están los especialistas.

En lo que enseña la Biblia no cabe error alguno, pues es un libro inspirado por Dios; pero la inerrancia aneja a cada uno de sus libros es la que cuadra con el género literario a que pertenece.

Hay que distinguir entre el género alegórico del Apocalipsis, y «el género histórico de los dos Libros de Samuel, que pueden considerarse como el nacimiento de la historiografía».

Cada género literario en la Biblia tiene su tipo de verdad. Como en un periódico una es la verdad de un artículo editorial, otra es la verdad de la noticia de una agencia, y otra la verdad del lenguaje hiperbólico de un anuncio: «Mejores no hay», «Superior al mejor», etc. Así, una es la verdad propia de la parábola, en la cual sólo se pretende enseñar una verdad sin afirmar cada uno de los elementos ornamentales que la hacen pedagógica; otra la verdad de un canto lírico que, en lo concerniente a su sentido y realidad, debe ser juzgado conforme a las leyes de la lírica; otra la verdad de un relato. En éstos puede su autor querer afirmar la realidad histórica de lo que narra, tanto en lo substancial como en los pormenores. Pero puede también afirmar sólo la substancia del hecho, sin privarse, por motivos pedagógicos y artísticos (la Historia entre los antiguos tenía no poco de arte), de añadir a lo substancial otros elementos cuya realidad histórica no asegura.

«Hay que tener en cuenta que en una mentalidad oriental no es faltar a la verdad ampliar la narración con la adición de detalles no históricos en sí mismos, pero que contribuyen a poner de relieve el suceso central que se trata de transmitir. Distinguir entre la base histórica y los detalles ornamentales no es tarea que pueda realizar cualquier particular, sino personas preparadas para ello con doble preparación científica y teológica. La Biblia es un libro que se debe a la acción conjunta e indivisible de Dios y del hombre, su instrumento, a quien Dios comunicó su inspiración. Su realidad divina exige, para interpretarla, preparación teológica; y su realidad humana, preparación científica: entre estas dos no puede haber verdadero conflicto si se ejercitan con lealtad y rigor intelectual».

«Los datos numéricos de la Biblia, al igual que los de todos los antiguos documentos orientales, no hay que entenderlos en sentido aritmético, porque se basan en el simbolismo numérico del Antiguo Oriente». «Los números tienen un valor convencional y sagrado; no pueden tomarse siempre en sentido propio». El conocido especialista bíblico Alejandro Diez Macho dice: «lo de menos es el valor matemático, cuantitativo. Son números simbólicos».

EL CÓDICE MURATORI

El códice Muratori debe su nombre a su descubridor, el historiador y arqueólogo italiano Ludovico Antonio Muratori. Se trata de un códice escrito en letras unciales. Recoge la tradición oficial de la Iglesia de los primeros años.

«ERRORES» EN LA BIBLIA

La Biblia no es un libro científico sino religioso. No enseña ciencia sino religión. Y habla como la gente de su tiempo que pensaba que la Tierra era el centro del universo. Pero esta inexactitud en su modo de hablar no tiene que extrañarnos, pues también en nuestro tiempo tan científico y técnico decimos que el Sol sale y el Sol se pone, y esto no es así, como Vd., dice muy bien, porque es la Tierra la que en su rotación ofrece al sol distintas partes de su superficie.

Y es que también nosotros hablamos de las cosas del Cielo como se ven desde la Tierra.

EXPLICACIÓN DE LA BIBLIA

Son dos modos de interpretar la Biblia. La exégesis interpreta el texto, y la hermenéutica interpreta la inspiración.

DIFICULTADES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El Antiguo Testamento tiene cosas inexplicables para nosotros. Por eso yo suelo recomendar que se lean los Evangelios que son más aplicables a nosotros. El Antiguo Testamento se escribió según la mentalidad de aquel tiempo a la que Dios se acomodaba.

Lo mismo que cuando dice que Josué paró el Sol, como si el Sol diera vueltas alrededor de la Tierra, y es la Tierra la que da vueltas alrededor del Sol.

Pero Dios se acomoda a la mentalidad de entonces que pensaban que la Tierra era el centro del universo. Lo mismo en esos pasajes que me dices. Dios se acomoda a la mentalidad de aquel tiempo que pensaba que el derecho de conquista justificaba el exterminio del pueblo vencido. Pero hoy la mentalidad de la humanidad ha mejorado y la Iglesia condena los genocidios.

Nelson Torres

Abril 2026

Santo Domingo R.D

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