HAY DOS CLASES DE PECADOS: MORTAL Y VENIAL
HAY DOS CLASES DE PECADOS: MORTAL Y VENIAL
«El pecado es una ofensa a Dios».
La imperfección no llega a pecado venial.
Suele definirse como «la deliberada omisión de un bien mejor. Pudiendo hacer un
bien mayor se elige un bien menor»
EL PECADO MORTAL SE DIFERENCIA DEL VENIAL, EN QUE EL MORTAL ES GRAVE Y
EL VENIAL ES LEVE.
No es lo mismo cometer un adulterio -que
siempre es grave-, que decir una mentirilla -que puede no tener importancia-.
El pecado grave rompe nuestra amistad con
Dios. El pecado venial, no. Pero la enfría.
Algunos distinguen entre el pecado grave y
el pecado mortal.
Pero ha dicho el Papa Juan Pablo II:
«El pecado grave se identifica
prácticamente en la doctrina y en la acción pastoral de la Iglesia con el
pecado mortal...
» La triple distinción de los pecados en
veniales, graves y mortales, podría poner de relieve una gradación en los
pecados graves.
» Pero queda siempre firme el principio de
que la distinción esencial y decisiva está entre el pecado que destruye la caridad
y el pecado que no mata la vida sobrenatural: entre la vida y la muerte no
existe una vida intermedia».
Por eso el Nuevo Catecismo de la Iglesia
Católica no hace distinción entre pecado grave y pecado mortal.
LOS EFECTOS DEL PECADO MORTAL SON: PERDER LA AMISTAD CON DIOS, MATAR LA
VIDA SOBRENATURAL DEL ALMA, Y CONDENARNOS AL INFIERNO, SI MORIMOS CON ESE
PECADO.
Esto limitándose a los bienes espirituales.
Pero aun en los bienes naturales, ¡cuántas
enfermedades, cuántos encarcelamientos, cuántas ruinas, cuántas desgracias de
familia no tienen otro origen que un pecado contra la Ley de Dios!
Una mancha de grasa en una prenda de vestir
nueva es motivo suficiente para que la cambies. Si tienes la cara tiznada, te
lavas inmediatamente, porque así no puedes presentarte en ninguna parte.
¿Y
no te da vergüenza que tu alma sea repulsiva a Dios y a la Virgen?
Una piedrecita en el zapato no te deja en
paz hasta que logras quitártela, ¿y cómo puedes tener tranquilidad con un
pecado mortal en el alma?
LOS EFECTOS DEL PECADO VENIAL SON: PONER ENFERMA LA VIDA SOBRENATURAL
DEL ALMA, Y DISPONERNOS PARA EL PECADO MORTAL.
-El pecado venial es una transgresión
voluntaria de la ley de Dios en materia leve.
Una tos pequeña, pero descuidada, puede
llevar a la sepultura.
Un punto negro en un diente no es nada,
pero si no se lo enseñas al dentista, pronto todo el diente quedará dañado, y
hasta puede ser necesaria la extracción.
No es que el pecado leve se convierta en
grave.
Ni siquiera que muchos pecados leves hagan
un pecado grave.
Sino que el pecado leve dispone al pecado
grave, pues debilita la voluntad y nos priva de gracias sobrenaturales con las
cuales podríamos luchar mejor contra el pecado grave.
«Pero los pecados veniales no nos excluyen
del Reino de Dios».
Deberíamos poner especial diligencia en
evitar los pecados veniales plenamente advertidos y voluntarios.
Evitar también todos los semideliberados
supone especial gracia de Dios. Este privilegio lo tuvo María Santísima.
Un
pecado que de suyo es leve, por ser la materia leve, puede ser grave:
a) si el que lo comete cree, por error, que
es grave: robar una peseta.
b) si se comete con fin gravemente malo:
insultar a otro para que blasfeme.
c) si se hace a otro un daño grave o se
pretende hacerlo, o se es causa de grave escándalo: parejas pecando en público.
d) si al cometerlo, se expone uno al
peligro próximo de pecar gravemente: entrar por curiosidad en un cabaret.
e) en algunos casos especiales, en que se
acumulan las materias, como ocurre en algunos robos pequeños repetidos con
cierta frecuencia.
Hay personas a quienes les gusta preguntar
siempre el límite entre el pecado leve y grave.
Pero esto a veces es tan difícil como
señalar en el arco iris dónde termina un color y dónde empieza otro.
Por eso, en la duda, muchos dicen al
confesor: «Me arrepiento tal como esté en la presencia de Dios».
«Los límites entre el pecado mortal y el
venial varían de penitente a penitente, y hasta en el mismo penitente varían de
una vez a otra. En efecto, el penitente no siempre presta la misma atención, ni
se da la misma cuenta, de la gravedad de sus acciones frente a la santa
voluntad de Dios».
- EL PECADO ES GRAVE CUANDO SE DAN JUNTAMENTE ESTAS TRES COSAS:
1) QUE LA MATERIA SEA GRAVEMENTE MALA (en
sí o en sus circunstancias); o que yo crea que es grave, aunque de suyo no lo
sea.
2) QUE AL HACERLO YO SEPA QUE ES GRAVE.
3) QUE YO QUIERA HACER AQUELLO QUE SÉ QUE
ES GRAVE.
Para
que haya pecado grave deben darse las tres cosas al mismo tiempo. Si no, no hay
pecado grave. Se trata, pues, de acciones que se oponen gravemente contra la
voluntad de Dios, realizadas con pleno conocimiento y deliberado
consentimiento.
Si no hay plena advertencia y perfecto
consentimiento, el pecado será venial. Por ejemplo:
1) Me tiro una foto y digo que he estado en
Londres, siendo esto mentira. No puede ser pecado grave, pues, aunque miento
queriendo y dándome cuenta de que miento, falta la materia grave. Esa materia
es leve, pues con esa mentira no hago daño a nadie.
2) Uno no sabe que el emborracharse hasta
perder la razón es grave, y para celebrar una fiesta coge voluntariamente una
borrachera completa.
Aunque la materia era grave y lo ha hecho
voluntariamente, no peca gravemente, porque no sabía que era materia grave.
3) Está uno un domingo en alta mar en un
barco pesquero. Sabe que es domingo, pero en esas circunstancias no puede ir a
Misa.
No peca, pues, aunque la materia es grave,
y él se da cuenta de la obligación que tiene de ir a Misa en domingo, no puede
cumplir con ese precepto en las circunstancias en que se encuentra actualmente.
Esa falta a Misa no es voluntaria, por lo
tanto, no hay pecado.
Materia grave es una cosa de importancia.
Puede ser grave en sí misma -como el blasfemar-,
o en sus circunstancias -como el mentir con daño grave para el prójimo-.
La advertencia a la gravedad de la materia
debe acompañar o preceder a la acción. No basta que se caiga en la cuenta
después de cometerla.
«Todos los moralistas están de acuerdo en
que el penitente sólo tiene que confesar el pecado conforme a la idea que tenía
del mismo al momento de cometerlo».
«Todo pecado actual presupone el
conocimiento de la ley». Debemos ser plenamente conscientes de que estamos
pecando.
«La ignorancia es vencible cuando es fácil
salir de ella mediante una información adecuada.
Por el contrario, es invencible cuando,
puestas las diligencias debidas, no es posible salir de ella».
La ignorancia culpable (no sé porque no he
querido enterarme) no excusa de pecado.
El conocimiento del pecado debe ser
valorativo. Debo darme cuenta que al cometer ese pecado estoy haciendo algo
malo. Si al hacerlo no advierto que peco, no peco.
No todos los actos del hombre son actos
humanos, es decir, conscientes y libres. Sólo éstos son responsables
moralmente.
«Conocimiento y libertad constituyen la
raíz de la moralidad». Si cometo un pecado, sin saber que es pecado, lo que
hago se llama pecado material, en el cual no hay culpa.
Sólo hay culpa en el pecado formal, del
cual soy responsable porque hago queriendo lo que sé que es pecado.
El consentimiento de la voluntad debe ser
perfecto.
Esto supone que hay libertad para hacer la
cosa o no hacerla.
Quien no tiene libertad para hacer o dejar
de hacer una cosa no obra por propia voluntad, y por lo tanto no peca. Quien
está encerrado en la celda de una cárcel no peca si no le dejan ir a Misa.
Para que haya pecado no hace falta querer
directamente ofender a Dios: esto sería algo diabólico. Peca todo el que hace
voluntariamente lo que sabe que Dios ha prohibido.
Obrar contra la ley de Dios, ya es ofensa a
Dios. Si uno te quita el monedero no te contentas con que te diga que no quiere
ofenderte, que sólo quiere tu dinero. Al actuar contra tus derechos, ya te está
ofendiendo; aunque no tenga intención de ofenderte.
«El hombre peca mortalmente no sólo cuando
su acción procede de menosprecio directo del amor de Dios y del prójimo, sino
también cuando libre y conscientemente elige un objeto gravemente desordenado,
sea cual fuere el motivo de su elección».
Para pecar basta hacer voluntariamente algo
que sé que es pecado, dándome cuenta de que es pecado. Si falta cualquiera de
estas tres condiciones no hay pecado grave. Es decir: cuando la materia no es
grave; o es grave, pero yo no lo sé; o lo sé, pero lo hago sin querer o sin
darme cuenta.
En estos casos no hay pecado grave.
Por lo tanto, todo lo que se hace sin
querer (por ignorancia, por descuido, sin caer en la cuenta o en un arrebato
inevitable), o lo que se hace sin pleno consentimiento, o sin plena advertencia
no es pecado grave.
No hay pecado sin libertad, y no hay
libertad sin conocimiento.
Lo que se hace por ignorancia invencible o
violencia extrínseca, nunca es pecado.
Nelson
Torres
Febrero
2026
Santo
Domingo R.D
Comentarios
Publicar un comentario