El Apocalispsis
Falsa interpretaciones del Apocalispsis
Queridos hermanos evangélicos:
Me extraña mucho que haya entre ustedes personas que califican a otros
como «el demonio» o no quieran dar la mano a alguien porque dicen que tiene el
«sello» en la mano derecha. Otros dicen que el Papa de Roma tiene en la frente
el número 666 y no faltan los que dicen que algunos productos de comida tienen
el sello del demonio en sus cajitas.
¡Qué ignorancia tan grande! Y lo peor es que todo lo quieren justificar
con la Biblia en la mano.
Hermanos y amigos, debemos leer bien la Biblia y no interpretarla a nuestro
gusto. La Sagrada Escritura no es un libro para meter miedo, y menos aún para
calumniar a personas inocentes con falsas interpretaciones bíblicas. Es un
pecado muy grave contra la Ley de Dios: «No es falso testimonio contra tu
prójimo» (Ex. 20, 16). ¿No dijo el apóstol Pedro que debemos ser prudentes con
nuestras interpretaciones bíblicas?: «Ninguna profecía de la Escritura es algo
que cada cual pueda interpretar por sí solo» (2 Pedro 1, 20). Así que nadie por
falta de comprensión diga tonterías con la Biblia en la mano.
En esta carta les voy a hablar del número 666, del sello (o marca) de la
Bestia. En otras oportunidades les he hablado del «fin de los tiempos» y del
«anticristo». Conviene que lean primeramente con atención esas cartas
anteriores para comprender mejor la reflexión de hoy.
Tomen la Biblia y mediten con atención los textos bíblicos que les voy a
citar. No les quiero hablar con mentiras ni menos con verdades a medias.
Solamente que-remos buscar la verdad acerca de Dios y los hombres y es esa
verdad la que nos hará libres (Jn. 8, 32).
1. El Número 666
¿En qué libro de la Biblia aparece eso del sello? Este texto aparece en
Apocalipsis 13, 15-18.
Es un texto muy misterioso y difícil de comprender. Por eso antes de
explicar esta cita bíblica les debo decir algo acerca del libro del Apocalipsis
en general, si no, nunca vamos a comprender lo que el sagrado escritor quiso
decir a fondo.
¿Cómo debemos entender el libro del
Apocalipsis?
Este libro fue escrito más o menos en el año 100 después de Jesucristo.
Eran tiempos difíciles para los cristianos porque el imperio romano perseguía a
todos los creyentes. Los cristianos vivían casi escondidos y no podían hablar
en público. Menos podían escribir y publicar sus cartas. Por eso el autor de
este libro, para animar a los creyentes, publicó su escrito clandestinamente y
usó una manera de escribir muy misteriosa, con signos e imágenes que solamente
los entendidos podían comprender. Esta forma de escribir se llamaba «el estilo
apocalíptico» (de revelaciones). Era una forma de escribir muy común en aquella
época. Con llamativas imágenes y grandiosas visiones ficticias, el sagrado
escritor quiere explicar «los últimos tiempos» que es «la lucha del poder
político romano contra los elegidos de Dios» (la Iglesia de Cristo). Muchos
signos, símbolos y cifras en forma muy sofisticada son como un juego para que
los lectores entendidos puedan reconocer su propia realidad e identificar
personajes u acontecimientos de aquel tiempo.
2. El gran mensaje
El gran mensaje de fondo del Apocalipsis es el siguiente: Cristo
resucitado es el centro de la historia; el mundo ahora es el escenario de la
lucha entre la Iglesia, encabezada por Cristo, y las fuerzas del demonio. Los
cristianos son llamados a dar un valiente testimonio.
Este escrito no es un libro para asustar, ni es un libro terrorífico,
sino que se trata de un libro de gran esperanza.
Hermanos, cuando leemos este libro debemos siempre buscar este sentido
profundo y no debemos tomar al pie de la letra las imágenes, los signos, o los
símbolos. Son visiones e imágenes inventadas por el escritor para entregar un
mensaje muy profundo.
¿Qué dice el texto de Apocalipsis 13,
16-18?
Leemos: «La bestia ha logrado, asimismo, que, a todos, grandes y
pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano
derecha o en la frente; y nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con
el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre. Aquí verán quién es sabio.
Si ustedes son entendidos, interpreten la cifra de la bestia. Se trata de un
hombre y su cifra es 666».
Hermanos, la primera lectura de este texto nos parece muy extraña, es
muy difícil comprender este texto tal como está. Pero debemos ver estos
versículos en todo su contexto.
3. El significado
¿En qué contexto aparece este texto?
Este texto es una parte de una gran visión en el cielo que nos narra
Juan en los capítulos 12 y 13 de su libro. Es la gran visión de la batalla de
la mujer contra el dragón y las dos bestias. Encontramos aquí muchos símbolos,
signos que se refieren a personajes y acontecimientos de aquel tiempo.
Esta visión de Juan trata de la batalla final contra Satanás. Se
presentan las dos tropas que van a pelear: por un lado, la mujer (= el pueblo
de Dios) y, por el otro, el dragón (=Satanás) con sus dos aliados en la tierra:
una bestia que viene del mar (que representa el poder político romano, que
persigue a los cristianos) y otra bestia que viene de la tierra (que representa
las falsas religiones que competían con el cristianismo). Como hemos dicho, son
todas imágenes fantásticas y visiones ficticias que se refieren a hechos
concretos de aquel tiempo.
La segunda bestia (la de las falsas religiones) es la que está marcada
con el 666 (Apoc. 13, 11): Este texto nos hace ver que esta segunda bestia se
parece al Cordero, pero hablaba como el dragón (=el monstruo, el demonio). Es
la figura de las falsas religiones que competían con el cristianismo. Falsas
religiones que ofrecían una religión celestial, pero que no condenaban los
pecados de la primera bestia (=los pecados del mundo romano y su corrupción),
vers. 11: «Esta bestia hablaba con el monstruo». Esto es muy importante: quiere
decir que son falsas las religiones que tienen a Jesús en la boca, pero callan
sistemáticamente la injusticia y predican la resignación al mal y la sumisión
al poder terrenal. En todos los tiempos y sobre todo en los sistemas
dictatoriales, ha habido personas que «han hablado con el monstruo». Es decir,
que han buscado halagarlo y aplaudirlo sin importarles los crímenes cometidos
por él. Eso se ha dado también en Chile tanto de parte de católicos como de
evangélicos. ¡Qué responsabilidad tan grande la de quienes en lugar de ser luz
por denunciar abusos y atropellos vendieron su conciencia por un plato de
lentejas! Este es el sentido apocalíptico de «hablar con la bestia» y la
tentación del cristiano de todos los tiempos.
4. El servilismo religioso
Vers. 14: «Aconseja que hagan una estatua de la primera bestia». Quiere
decir que estas falsas religiones se hacen servidoras de la primera bestia (del
poder político romano). Son religiones oportunistas que se hacen servidoras de
los señores del mundo, predican la sumisión religiosa a las autoridades sin
condenar el mal que producen muchos sistemas políticos y económicos. Ellas
convierten, sin darse cuenta, el poder político en un falso dios (=estatua, o
ídolo de barro).
Vers.17: Este falso dios puede proteger y condenar a quien quiera, puede
dar pan y vender a quien tiene el sello, a quienes son aliados suyos. A esto se
refiere la marca: son los aliados de los poderosos de este mundo, y los
no-aliados (los que no tienen la marca o el sello) no pueden comprar ni vender.
(También nosotros lo vivimos muy de cerca).
Vers. 18: «La cifra de esta segunda bestia es 666». En muchos escritos
de aquel tiempo era común dar una cifra a cada letra del alfabeto y se lograba
así escribir con cifras los nombres de algunos personajes. Era como un juego que
el lector tenía que descifrar.
5. ¿Cómo descifrar el enigma?
La cifra 666 se puede calcular de varias maneras, pero corresponde, sin
duda, a algún emperador romano, posiblemente a Nerón que con sus locuras mataba
a los cristianos que eran para él igual que perros.
La forma más aceptada de interpretar el
666 es la siguiente:
La cifra 7 es el símbolo de la perfección (representa en lenguaje actual
al alumno que se sacó un 10).
La cifra 6 es el signo de lo imperfecto, representa al que trató de ser
7 y no alcanzó a serlo.
El 7-1=6 es el imperfecto, es el malo. La cifra 3 significa la plenitud.
Ahora bien 3 veces 6 es la plenitud de lo imperfecto, es la plenitud de
lo malo. En este caso le vendría perfectamente a Nerón.
Nos damos cuenta de que este dato de 666 debió ser tomado como puzzle
para buscar al hombre perverso de aquel tiempo.
Ahora bien, hermanos, es una locura, como lo hacen algunos contrarios a
los católicos, aplicar a la fuerza esta cifra al Papa, como si Pedro, el primer
Papa de la Iglesia de Cristo, y sus legítimos sucesores debieran identificarse
con el emperador romano que mataba a los cristianos. Estas fantasías de los
anticatólicos no tienen nada que ver con la Biblia. Hay mucho más que podría
escribir acerca de este tema, pero creo que esto es suficiente para comprender
estos textos en su verdadero sentido.
Es muy doloroso ver que algunos indican con el dedo al Papa -una persona
tan bien intencionada entre nosotros- y le dan el título de «el demonio» o «la
bestia». Siempre ha existido esta maldad, que es producto de la ignorancia
atrevida. No olvidemos que cuando Jesús expulsaba a los demonios y hacía el
bien a todos, los mismos fariseos (gente muy religiosa de aquel tiempo) lo
acusaban como el hombre poseído por Belcebú, el jefe de los demonios (Mc. 3,
22).
Cuesta, pero es así que debemos practicar las palabras de Jesús desde la
cruz: «Padre, perdónales, que no saben lo que hacen» (No saben lo que dicen).
Pero si al Maestro lo calumniaron así, ¿qué les tocará a sus seguidores?
«Todo el mundo los va a odiar ustedes por mi causa: pero el que siga firme
hasta el fin éste será salvado» (Mt. 10, 22). «Ningún discípulo es más que su
Maestro» (Mt. 10, 24).
Para terminar, una última palabra para aquellos que usan la ignorancia
de gen-te de buena voluntad para meterles cosas raras y tonterías en la cabeza
y así condenar y calumniar a medio mundo. «Cualquiera que hace caer en pecado a
uno de estos más pequeños que creen en mí, mejor le fuera ser hundido en lo
profundo del mar con una piedra de molino amarrada al cuello. ¡Qué malo es para
el mundo que haya cosas que hacen pecar al hombre! Siempre habrá escándalos,
pero pobre del hombre que sea causa de ellos» (Mt. 18, 6-7).
¿Cuál debe ser nuestra actitud frente a las sectas?
Ante el embate de las sectas corremos el peligro de reaccionar
bruscamente y con poca caridad. Ciertamente hay que enfrentar el problema, pero
en forma positiva.
1) No hemos de usar nunca el ataque directo
y exaltado porque esto iría contra el gran mandamiento del amor fraterno.
2) Para el cristiano el mejor camino será
siempre presentar la verdad con amor e invitar a seguir el verdadero camino de
Cristo.
3) Usar un sano discernimiento, rechazando
lo malo que vemos en ellos y aprovechando lo que es bueno y valioso para
integrarlo y vivirlo en nuestros grupos.
4) Presentar claramente los peligros de las
sectas que son muchos: -Las sectas manipulan la Palabra de Dios al
interpretarla literalmente y al servicio de sus propios intereses. -No aceptan
la libertad de decisión religiosa de las personas y alienan con presión moral y
con métodos de coacción. -Caen en el subjetivismo y se dejan arrastrar
irreflexiblemente por un gran culto a la persona del líder. -Confunden la
emoción con el ser buenos cristianos y no son críticos ante la Biblia, ni ante
la política y la sociedad.
5) Hemos de tratar de ser cada vez mejores
católicos evitando los defectos en la forma de vivir nuestra religión y
cambiando todo aquello que anda mal.
6) A los católicos y cristianos en general
nos corresponde conocer y vivir mejor la doctrina cristiana. Hemos de activar
nuestros grupos y formar más comunidades fraternas y responsables que sean más
bíblicas y apostólicas.
7) Todo católico ha de permanecer firme en
las filas de la Iglesia Católica, ya que solamente por medio de la Iglesia
Católica podemos alcanzar la plenitud de los medios de salvación.
8) Es fácil constatar cómo las sectas
atacan a la Iglesia Católica. Nosotros, siguiendo la Ley de Cristo, tratemos de
devolver bien por mal y bendición por maldición. Busquemos lo que nos une y no
lo que nos separa. Que nunca salga de nuestros labios una ofensa o un insulto
hacia los que no creen como nosotros. Tenemos que orar al Padre de los cielos
para que, llevados de su Santo Espíritu, se restablezca en la Iglesia la unidad
perdida.
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