Doctrinas demoníacas
1Tim 4:1-3 habla de ciertas "enseñanzas demoníacas" sobre la
prohibición del matrimonio y los ayunos, que algunos, para variar, rápidamente
aplican a la Iglesia Católica.
¿Doctrinas demoníacas?
Hacia el final de su carrera como evangelista, el apóstol Pablo
escribió: "El Espíritu afirma claramente que en los últimos tiempos habrá
algunos que renegarán de su fe, para entregarse a espíritus seductores y
doctrinas demoníacas, seducidos por gente mentirosa e hipócrita, cuya
conciencia está marcada a fuego. Esa gente proscribe el matrimonio y prohíbe el
consumo de determinados alimentos que Dios creó para que los creyentes y los
conocedores de la verdad los comieran dando gracias." (1 Tim 4, 1-3)
Este es un pasaje favorito de muchos anti-católicos, porque encuentran
en él una profecía acerca de que los católicos han "renegado de su fe para
entregarse a.… doctrinas demoníacas".
"Después de todo", dicen estos anti-católicos, "la
Iglesia Católica les prohíbe el matrimonio a los sacerdotes y ordena a los
fieles que se abstengan de carne los viernes durante la Cuaresma. Esto
significa que los católicos han aceptado doctrinas demoníacas y han abandonado
la verdadera fe, tal como Pablo predijo". ¿Eran éstas las prácticas que
Pablo tenía en mente?
¿Prohibiendo el matrimonio?
En cuanto al primer cargo: ¿Prohíbe la Iglesia Católica el matrimonio?
De ninguna manera. No le prohíbe el matrimonio a nadie.
El cargo difícilmente podría ser más absurdo, ya que la Iglesia Católica
considera al matrimonio un sacramento. Desde el punto de vista católico, el
matrimonio es una gran bendición; simplemente no es para todos. Algunos pueden
renunciar al matrimonio en aras de propósitos religiosos. Cristo mismo indicó
esto cuando dijo que algunos "decidieron no casarse a causa del Reino de
los Cielos" (Mt 19, 12).
Esta práctica existía incluso en el Antiguo Testamento. Dios dijo al
profeta Jeremías que no tomara una esposa y tuviera hijos (Jer 16, 1-4), ya que
el hacerlo sería inconsistente con el turbulento ministerio al que Dios lo
estaba llamando. En Jeremías encontramos un paralelo con un sacerdote moderno,
un hombre que se abstiene de casarse y tener una familia, con el objeto de
estar libre para cumplir las demandas de su ministerio.
Esto no era un modelo restringido al Antiguo Testamento. Pablo aconseja
a las personas abstenerse de casarse. Dice: "Es bueno para el hombre
abstenerse de la mujer. Sin embargo, por el peligro de incontinencia, que cada
hombre tenga su propia esposa, y cada mujer, su propio marido... Esto que les
digo es una concesión y no una orden. Mi deseo es que todo el mundo sea como
yo, pero cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel. A
los solteros y a las viudas, les aconsejo que permanezcan como yo... Yo quiero
que ustedes vivan sin inquietudes. El que no tiene mujer se preocupa de las
cosas del Señor, buscando cómo agradar al Señor. En cambio, el que tiene mujer
se preocupa de las cosas de este mundo, buscando cómo agradar a su mujer, y así
su corazón está dividido. También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se
preocupa de las cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el
espíritu.
La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo,
buscando cómo agradar a su marido. Les he dicho estas cosas para el bien de
ustedes, no para ponerles un obstáculo, sino para que ustedes hagan lo que es
más conveniente y se entreguen totalmente al Señor... Por lo tanto, el que se
casa con la mujer que ama, hace bien; pero el que no se casa, obra mejor
todavía." (1 Cor 7, 1-2.6-9.32-35.38)
Pablo considera al matrimonio una opción, pero no siempre la preferible,
ya que las personas casadas tienen intereses divididos que les dificultan el
dedicarse de todo corazón al Señor. En 2 Timoteo 2, 3-4, aplica este punto de
vista directamente al ministerio de tiempo completo. Le dice a su discípulo
Timoteo: "Comparte mis fatigas, como buen soldado de Jesucristo. El que está
bajo las armas no se mezcla en los asuntos de la vida civil, para poder cumplir
las órdenes de aquel que lo enroló." Se le dice a Timoteo que comparta sus
sufrimientos no mezclándose en "asuntos de la vida civil", como
casarse y tener una familia, para poder llevar a cabo su vocación como soldado
de Jesucristo y ministro del Evangelio de tiempo completo.
En todo lo escrito por Pablo encontramos la idea de un voto de celibato
que compromete a una persona a una vida de continencia.
En 1 Timoteo 5, Pablo dice: "Honra y atiende a las viudas que
realmente están necesitadas... Hay viudas que lo son realmente, porque se han
quedado solas y tienen puesta su confianza en Dios, consagrando sus días y sus
noches a la súplica y a la oración...
Para estar inscripta en el grupo de las viudas, una mujer debe tener por
lo menos sesenta años y haberse casado una sola vez.
Que sus buenas obras den testimonio de ella; tiene que haber educado a
sus hijos, ejercitado la hospitalidad, haber lavado los pies a los hermanos,
socorrido a los necesitados y practicado el bien en todas sus formas. No
inscribas, en cambio, a las viudas más jóvenes, porque cuando los deseos
puramente humanos prevalecen sobre su entrega a Cristo, quieren casarse otra
vez, y se hacen culpables por faltar a su compromiso." (1 Tim 5, 3.5.9-
12)
Pablo describe aquí una orden de viudas, sostenida por la Iglesia, que
son conocidas por la oración, el cuidado de los enfermos, la devoción al bien,
y su compromiso de celibato. Esta orden tiene los mismos principios
fundamentales que una moderna orden de monjas, un grupo de mujeres que han
hecho votos de llevar una vida célibe para servir a Dios. Hay incluso
precedente bíblico para las órdenes de monjas contemplativas. Siguen el ejemplo
de Ana, la profetisa que "no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios
noche y día con ayunos y oraciones." (Lc 2, 37)
¿Es la organización de viudas de la que Pablo se ocupa, simplemente una
asociación libre de mujeres que podían entrar o dejar su calidad de viudas, a
su entera discreción?
No. Pablo dice que no se inscriban las viudas más jóvenes porque,
estando sujetas a "impulsos propios de la juventud" (2 Tim 2, 22),
desean casarse y "se hacen culpables por faltar a su compromiso".
Cuando se inscribieron en la lista de viudas, tomaron un compromiso de no
casarse. Antes de esto, eran libres de casarse, pero al entrar en la comunidad
se comprometieron a vivir como la "mujer soltera, que se preocupa de las
cosas del Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu" (1
Cor 7, 34).
El Nuevo Testamento habla de un voto de celibato -un compromiso formal
de llevar una vida de soltero- y Pablo lo incorpora en las reglas de la orden
de proto-monjas que discute en 1 Timoteo 5.
Irónicamente, este voto de celibato es mencionado en 1 Timoteo 5,
¡apenas un capítulo después del pasaje de las "doctrinas demoníacas"
de 1 Timoteo 4!
Otra prueba de que la práctica católica del celibato ministerial no es
lo que Pablo está discutiendo en 1 Tim 4, 1-3, es que las personas que prohíben
el matrimonio en el pasaje, lo enseñan como una doctrina, pero los católicos
consideran al celibato sacerdotal solamente una disciplina. Los católicos
libremente admiten que nada en la Biblia o en la Tradición apostólica requiere
que los ministros sean célibes; simplemente es una buena idea, como Pablo lo
indica. El requerimiento de la Iglesia católica de que sus ministros (de rito
Occidental) sigan el consejo de Pablo y sean célibes, es en principio similar
al requerimiento de una denominación protestante, de que sus ministros estén
graduados en el seminario, algo que los protestantes hacen no porque piensen
que la Biblia lo requiere, sino porque es una buena idea.
Sólo el rito Latino u Occidental (el rito más numeroso de la Iglesia)
requiere el celibato. Los otros ritos de la Iglesia (Orientales) no requieren
el celibato y tienen sacerdotes casados. Incluso el rito Latino hace
excepciones a su política: si un ministro casado de una denominación como el luteranismo
o el anglicanismo, se hace católico, puede llegar a autorizarse que sea
ordenado sacerdote.
El rito Latino podría, si el Papa se convenciera de que esto es
necesario, dejar de lado la disciplina del celibato, pero no parece probable
que esto ocurra en el futuro cercano, ya que la Iglesia ha recibido grandes
bienes como resultado de esta política (un hecho que los anti-católicos nunca
mencionan). De cualquier modo, la Iglesia Católica no le prohíbe a nadie
casarse, aunque dice, en el rito Latino, que se espera que un hombre dispuesto
a ser ordenado también esté dispuesto a permanecer célibe. ¿Y si quiere
casarse? Entonces puede hacerlo, sin llevar a cabo la vocación sacerdotal.
"Abstinencia de alimentos"
¿Se abstienen los católicos del "consumo de determinados alimentos
que Dios creó para que los comieran dando gracias"? Nuevamente, no. Un
católico es libre de comer todo alimento que desee, ya que Cristo
"declaraba que eran puros todos los alimentos" (Mc 7, 19). Los
católicos firmemente creen la enseñanza de Pablo de que "todo lo que Dios
ha creado es bueno, y nada es despreciable, si se lo recibe con acción de
gracias, porque la Palabra de Dios y la oración lo santifican" (1Tim 4, 4-
5).
¿Por qué, entonces, los católicos se abstienen de comer carne en
determinados viernes? La razón es simple: es una devoción que la familia
católica ha establecido para conmemorar la crucifixión de Cristo. Imagínese un
padre que dice a su familia que comerán alimentos especiales en conmemoración
de lo que Jesús hizo por los hombres, así como los israelitas tenían alimentos
especiales.
Ningún no católico culparía a un padre por instituir esta práctica. Pues
bien, esto es todo lo que la Iglesia Católica ha hecho.
La Iglesia es una gran familia, y sus guías-aquellos que cumplen la
función de sus padres terrenales o pastores-han establecido la devoción
especial de no comer carne en el día en que conmemoramos la pasión del Señor.
Como sustituto, los católicos habitualmente comen pescado en esos viernes, y el
pez es un antiguo símbolo de Cristo. Ésta es una manera de recordar y honrar a
Cristo por lo que hizo por nosotros hace tanto tiempo.
Abstenerse de carne es una incomodidad, un pequeño sacrificio personal
que nos ayuda a dirigir nuestras mentes y corazones a aquel sacrificio de
suprema importancia en el Calvario.
Estaría mal que un católico violara esta devoción sin un motivo
razonable, así como estaría mal que un hijo desobedeciera las reglas familiares
establecidas por sus padres (Col 3, 20; Ef 6, 1). Una persona bajo autoridad es
libre de desobedecer solamente cuando la autoridad requiere algo
fundamentalmente malo, o cuando existen circunstancias suficientemente graves.
Desobedecer flagrantemente es resistir a Dios, ya que no hay autoridad
que no haya sido instituida por Dios (Rom 13, 1-2), un principio que se aplicaba
incluso al gobierno pagano de Roma, del cual hablaba Pablo.
La abstención devocional de determinados alimentos es definitivamente
bíblica. En Daniel 10, 3 leemos: "no comí ningún manjar exquisito; ni la
carne ni el vino entraron en mi boca, ni me hice ninguna unción, hasta que se
cumplieron tres semanas enteras". Como una disciplina especial y un
símbolo de aflicción, el profeta Daniel rehusó comer ningún manjar exquisito.
Los católicos se abstienen actualmente de comer carne en los Viernes de Cuaresma,
como un símbolo de aflicción por lo que Cristo sufrió por nuestros pecados.
La Biblia incluso contiene precedentes acerca de abstenerse de todo
alimento en ciertas ocasiones. Ésta es la disciplina bíblica del ayuno. Cristo
dijo que sus seguidores ayunarían cuando él les fuera quitado (Mt 9, 15), y dio
reglas acerca de cómo se debía ayunar (Mt 6, 16-18).
Como en el caso del celibato sacerdotal, los católicos ocasionalmente se
abstienen de comer carne sólo como disciplina, no como un punto de doctrina. No
hay nada malo en comer carne, como resulta evidente por el hecho de que los
católicos pueden comerla durante el resto de la semana. Cuando nos abstenemos
de carne, nos abstenemos de algo bueno, no de algo malo. El apóstol Pablo no
estaba hablando de los católicos cuando previno acerca de aquellos que
prohibirían el matrimonio y el comer determinados alimentos. Entonces, ¿de
quiénes estaba hablando? La respuesta queda dentro de cierta especulación, pero
Pablo aparentemente tenía en mente ascéticos que enseñaban que el matrimonio y
determinados alimentos eran fundamentalmente malos.
Varios movimientos en la historia de la Iglesia han promovido estas
enseñanzas, siendo los dos ejemplos más notables los maniqueos y los
albigenses. Consideraban a la materia intrínsecamente mala, y consecuentemente
veían con recelo a los placeres físicos, incluyendo el permitirse determinados
alimentos. Lejos de abrazar esta doctrina, la Iglesia Católica consideró a
estos grupos como heréticos y a sus doctrinas como "doctrinas demoníacas".
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