Una renuncia bien llevada eleva el corazón al mundo del espíritu.
La renuncia cristiana
Una
renuncia bien llevada eleva el corazón al mundo del espíritu.
No
resulta fácil hablar de renuncia, de abnegación, de sacrificio. En parte,
porque cuesta dejar aquello que nos gusta, lo que da seguridades. En parte,
porque nadie prescinde de algo si no tiene claro que va a conseguir una cosa
mejor.
Pero
para el cristiano la renuncia es algo fundamental, que nace del mismo Evangelio
y que permite abrirnos a la experiencia maravillosa de la misericordia recibida
y compartida.
Jesús mismo
dijo a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá,
pero quien pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 16,24 25).
Ahí
está la clave: uno pierde y deja algo, porque espera conquistar, ganar, algo
mucho mejor. ¿Qué es eso mejor? Es la intimidad con Dios, es la victoria sobre
el pecado, es la vida que inicia aquí y llega hasta la eternidad.
La
renuncia nos libera de los lazos de Satanás y nos abre a la experiencia
cristiana.
“Solamente
en la renuncia Satanás no tiene poder; a él se le ha dado el poder de estar en
todas partes, menos en la renuncia en la cual no tiene permiso de entrar.
Satanás
fue derrotado en las tentaciones de Cristo porque Cristo renunció a todo lo que
aquel le ofrecía. Hubiera sido suficiente una mínima concesión y Cristo mismo
habría sido arrastrado” (Renzo Buricchi, en el libro de M. Pierucci, “Un
cipresso per maestro”, Cantagalli, Siena 2011, p. 192).
Entonces,
cada vez que renunciamos a un capricho en la comida o en la bebida, a una
palabra de más que solo sirve para envanecernos, a una compra superflua, a un
tiempo dedicado a Internet sin ningún provecho, salimos de las tinieblas,
rompemos las cadenas de Satanás, y nos disponemos a recibir la vida verdadera.
Renuncia:
una palabra que asusta, porque pensamos que dejamos, que perdemos, y que así
aumentarán los problemas. En realidad, una renuncia bien llevada eleva el
corazón al mundo del espíritu, abre el alma a la gracia, permite tener los ojos
y la voluntad disponibles para ver y acudir en ayuda ante tantas necesidades de
nuestros hermanos...
CIC 1423 Se
le denomina sacramento de conversión porque realiza
sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión (cf Mc 1,15), la vuelta al Padre (cf Lc 15,18)
del que el hombre se había alejado por el pecado.
Se
denomina sacramento de la penitencia porque consagra un
proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación
por parte del cristiano pecador.
Se
renuncia al mal y se alcanza la salvación, es decir, la remisión. "Pedro les respondió: Arrepentíos, y
bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo Hch 2,38.
A
veces la vida se presenta como una renuncia, un dejar ir, dejar las
cosas en manos de Dios. Hay muchas cosas que no podemos controlar, ni siquiera
retener. Nos vemos atrapados en caminos que muestran la despedida.
Renunciación
La
renunciación es dejar el mal. La renunciación es la acción que resulta del
arrepentimiento (Mateo 3:7-8).Renunciar significa una completa ruptura con
Satanás y con todas sus obras.
Citas
A
renunciar a la antigua conducta, a la vieja condición humana corrompida por la
seducción del placer Efesios 4:22.
Una renuncia real
es una decisión madura que tomamos en respuesta a un pedido de Dios. Abraham
vio la entrega de Isaac como un acto de adoración (Génesis 22:5).
Así
pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede
ser mi discípulo Lucas 14:33.
Nelson
Torres
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