Fe de María
María confió siempre en Dios. Por eso está escrita en la Biblia esta alabanza inspirada por el Espíritu Santo: “Feliz tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Es la primera bienaventuranza del Nuevo Testamento. Así, la Virgen ha comprendido con su razón que Dios no se equivoca, que Dios cumple lo que promete, pues “para Dios nada hay imposible”.
María
se fió totalmente de Dios y respondió así: “He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu Palabra”. María creyó, confió, esperó, se fió del poder
de Dios, no dudó jamás del amor del Señor, fue siempre creyente y fiel.
Recorrió toda su vida llena de fe. Y esto la hizo feliz y dichosa. Por eso, la
felicitamos a la Virgen y le pedimos su ayuda eficaz.
¿Te
gustaría a ti también vivir con esta seguridad y con esta certeza, con esta
firmeza y con esta alegría de la fe?
Pues
vamos a ver en esta reflexión las razones de nuestra fe.
Así
lo recomienda el apóstol Pedro en su primera Carta: “Estad
siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza a todo el que os pida
explicaciones. Hacedlo, sin embargo, con dulzura y respeto”.
Por
eso, quiero que estés a gusto, con paz y tranquilidad, para poder leer y
pensar. Es muy importante para tu vida de fe descubrir que el amor de la
Virgen María no es un invento de los hombres, sino un regalo de Dios. En las
páginas siguientes, ponemos los fundamentos racionales de nuestra fe. Así, la
verdad de María no es ninguna imaginación, ningún cuento, sino la realidad de
una mujer que se fió de Dios…
Vamos,
por tanto, a reflexionar por qué creemos, el porqué de nuestra fe. Nosotros
aceptamos libremente, y con razones objetivas, la verdad de un amor de Dios que
ama a todos los hombres y mujeres.
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